Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

miércoles, 5 de julio de 2017

Análisis: Adopta a una autora. Twelve Kingdoms, Skies of Dawn



¡Y aquí Frederika sigue con el análisis de Skies of Dawn, de mi autora adoptada, Fuyumi Ono! Be ready for WORLDBUILDING

La historia de es más o menos lo que conté en la reseña, pero bastante más profunda, así que preparaos para muchos spoilers. Estáis avisados, como siempre. 




Historia


La historia comienza con Suzu siendo vendida en Japón. Su familia tiene demasiados hijos y es pobre, así que no les queda otro remedio. La pobre se despeña por un acantilado y acaba en el reino de Sai del sur de los Doce Reinos.

 Cien años más tarde, Shoukei ve cómo un usurpador mata a su madre frente a sus narices y también al kirin, que había enfermado por el shitsudou (es decir, la advertencia que lanza el Cielo al monarca cuando está haciendo algo rematadamente mal). Tras treinta años de vivir como una cría de 12, de pronto pierde su familia, su inmortalidad y la mandan a uno de los orfanatos más pobres posibles —no tanto por maldad como porque el reino es pobre— y alimenta su rencor contra el nuevo régimen.

Suzu, entre tanto, ha entrado al servicio de una Hechicera que vive aislada en una montaña. Los demás sirvientes no la soportan porque es la doncella personal de esta Hechicera y como es torpe, llorona y no deja de lamentarse por todo, digamos que se aísla de forma inconsciente de los demás.

Las historias de ambas son las que pesan más en comparación con la de Youko, al menos al principio porque, aunque las tres se sienten fuera de lugar, ellas son las nuevas, las que deben viajar. Youko, en cambio, está atada al palacio Kinpa donde transcurren sus desventuras con sus  funcionarios, que no hacen más que ponerla en ridículo demostrando una y otra vez que es muy ignorante respecto a su propio reino. En particular, a pesar de llevar unos meses en el trono, a Youko la atormenta que todavía no ha realizado su Rescripto Imperial, su primera ley y que será básica para indicar al pueblo qué clase de reino quiere tener.

Es una pena que los acontecimientos transcurran a la vez, a un mismo ritmo, porque sabe un poco artificial. Me explico. Las tres protagonistas abandonan sus «hogares» casi en capítulos seguidos: 

Primero Shoukei se pelea a gritos, harta de trabajar y de pasar hambre, con su cuidadora. Así, los pueblerinos se enteran de que ella es la princesa y como defiende los actos de su padre, deciden castigarla como hizo el Emperador con gente que robó para comer o que no fue a trabajar por estar enferma: desmembrarla. En el último momento, la cuidadora ha conseguido traer a Gekkei, quien asesinó a su padre, para salvarla. Tras eso, decide enviarla a la corte de Kyou, donde estará a salvo.

Por su parte, Suzu, se ve obligada a trepar a una montaña para conseguir unas hierbas para su señora. Esta envía con ella a una de sus bestias mágicas, que la empuja, muerde y recoge cada vez que Suzu tropieza. Al final consigue dominar al animal y viajar hasta la capital, donde su condición de hechicera hace que la confundan con alguien importante y le da permiso para hablar con la Emperatriz del reino. Esta logra que la dama libere a todos sus sirvientes, Suzu incluida, pero le pide a esta que abandone el palacio —no sin darle antes acceso a cuentas bancarias— para que conozca el mundo que no ha tocado en un siglo. Suzu, que había oído hablar de una chica de su edad que había llegado al trono, decide partir para Kei.

Shoukei sigue un camino similar, pero más cruel. La Emperatriz de Kyou, una niña de doce años pero que ha vivido noventa, la trata con desdén y desprecio, pero le ofrece trabajar como sirvienta. Shoukei acepta con tal de no acabar en otro orfanato pero al final le puede el rencor y el orgullo, roba sus joyas y huye en una bestia voladora. Este pasaje es interesante porque la Emperatriz tiene un discurso importante acerca de cómo no puede tratar bien a Shoukei cuando otras personas lo han pasado peor que ella y aun así no roban, no hacen trampa. Un ejemplo serían los príncipes del reino de Kou, aquel donde Youko acabó en la historia anterior, que han partido a trabajar para intentar mantener los campos junto a miles de personas, conscientes de su deber.

El caso es que Shoukei, en una de las partes que menos me convencen, decide ir a por Youko para quitarle el puesto. Lo cual es imposible, pero en fin. [L: Todo el mundo ha soñado con nacer príncipe/princesa~~]


Yo al leer el plan de Shoukei.

En último lugar Youko, se cansa de estar frustrada, de no conseguir ayuda y decide ir a vivir entre el pueblo de Kei. Al principio Keiki, su kirin, no está a favor, pero le sorprende gratamente que ella quiera aprender, ver las cosas y no quedarse encerrada teniendo que escuchar a burócratas del reinado anterior. Al final la envía a un orfanato, con un sabio llamado Enho, para que aprenda lo necesario.

Suzu embarca hacia Kei y se topa con un niño pequeño llamado Sheishu, originario de este mismo reino, que perdió sus padres, llamado Seishuu. Aquí Suzu intenta dar pena, demostrar por qué es la persona más desgraciada del mundo por ser kaikyaku, llegando a decir que al menos Seishuu pudo ver morir a sus padres —uno devorado por un monstruo, por cierto—. Claro, Seishuu se pilla un rebote importante y le da un rapapolvo verbal, tras lo cual Suzu empieza a ser consciente de por qué la Emperatriz la envió a la calle en vez de permitirle una vida relativamente fácil en el palacio.

Shoukei, en un capítulo tan desesperante como irónicamente divertido, demuestra que no es tan lista como quiere hacer creer. De gran posada en gran posada resulta fácil seguirle el rastro y acaba encerrada junto con Rakushun, un chico semi-bestia al que acusa de haberle dado los objetos que ella había robado a la Emperatriz de Kyou. Al final consigue librarse «donando» estos mismos objetos y Rakushun decide ayudarla a pesar de todo. Le habla de cómo salvó a Youko en el pasado, de su vida en la universidad, y sus problemas en su reino natal. Rakushun ha acudido al reino de Ryu, vecino de En, para investigar la aparición de youma. Parece que el reino está a punto de caer en desgracia, lo cual sentará mal a En, que ya ha tenido que soportar a todos los refugiados de Kei durante los años anteriores. Así pues, Rakushun solo acompaña a Shoukei un trecho, durante el cual, al vivir entre gente corriente, Shoukei tiene tiempo para reflexionar y admitir que su aspiración a matar a Youko era… estúpida. Más cuando Rakushun le cuenta de los problemas de Youko para ser aceptada.



Al final, Suzu y Shoukei llegan a Kei. Shoukei se dirige hacia la provincia de Wa, donde se supone que ofrecen tierras buenas, y acaba encontrándose una suerte de infierno muy similar a Hou, donde no hay justicia y se ejecuta sin ton ni son. Por primera vez ve una crucifixión a unos inocentes y, recordando lo que le iba a pasar a ella, lanza una roca para defenderlos. Por suerte para ella, una joven —Youko, que está investigando la provincia— la salva y luego recibe ayuda de un soldado llamado Kantai.

Suzu, por su parte, ha decidido llevar a Seishu a la capital. El niño tiene un tajo muy feo en la nuca de un youma. Esto poco a poco le afecta a la vista y Suzu decide ir a pedir ayuda a la Emperatriz, en vez de llevarlo a un médico corriente. Lo deja un momento a solas mientras busca transporte y entonces un carruaje, con el sirviente del gobernador de Wa, lo atropella y mata. Youko anda por ahí y presencia el hecho, furiosa. Suzu acaba uniéndose a un grupo revolucionario que pretenden acabar con este funcionario y su gobernador. Haciendo de mensajera conocerá más tarde a Shoukei y se harán amigas.

Mientras tanto, Youko está intentando averiguar qué pasa en Wa y por qué nadie le informó de ello en el palacio —lo cual la llevará a destituir a su jefe de ministros en el futuro, por haberle escondido estas cosas y colaborado con los traidores—. Por el camino, secuestran a Enho y matan a uno de los dos niños de los que Youko se ocupaba.

Buscando de un lado a otro, termina por encontrar a Suzu y a sus compañeros, que pretenden dar un golpe lo suficiente grande para llamar la atención de la Emperatriz. Se une a ellos pues, aunque escribe a palacio para movilizar el ejército, no le hacen caso. Así pues, mientras Shoukei sirve con Kantai, que también es un rebelde, se da un asedio y después el grupo se ve arrastrado a la fortaleza de un pueblo a protegerse. A pesar de recibir ayuda de Kantai y los suyos, de pronto se encuentran enfrentados al mismísimo ejército imperial.

Kantai salvando a Shoukei mientras Youko se ocupaba de cubrirles la retaguardia

Para entonces, Keiki llega a tiempo de sobrevolar el campo de batalla y Youko se revela como la Emperatriz —la única que puede montar al kirin—. Enfadada hasta extremos comprensibles, porque se ha movilizado a su ejército sin pedirle permiso, pone en su lugar al general y lo envía contra los corruptos.Ofrece después a Shoukei y Suzu a quedarse con ella como damas de compañía, a la vez que siguen aprendiendo de Enho, que era el miembro de una escuela que tocó la fibra sensible de los funcionarios además de un viejo hechicero que servirá de principal consejero para Youko.

Decidida a tomar las riendas del gobierno, Youko se enfrenta a sus ministros y nombra nuevos puestos con la gente que ha conocido durante la rebelión, incluso dando el control de su Consejo a un gobernador al que la habían convencido para condenar. Kantai en su momento le pidió que hablara con él, porque le era fiel e incluso había resistido a la anterior falsa Emperatriz. Sus medidas no son bien recibidas, pero no le importa.

Youko establece entonces su primera ley: elimina la postración, para crear un reino más justo e igualitario.

Y así, termina la segunda aventura de Youko.



Personajes

Youko


Sin duda es la estrella, a pesar de que ya no sea la única protagonista. Su historia se expande y eso significa que tiene que entrar más gente en su vida. Mucha más gente. A pesar de ser una dura superviviente, Youko se ha acostumbrado a apañárselas por sí sola, todavía no ha superado su temor a que los demás la juzguen y por eso vuelve a recaer en viejos hábitos ante sus ministros, más competentes que ella en materia de gobierno. No es difícil ver por qué Youko se deja enredar o cómo cuenta con poquísima información para actuar. Da lástima y, sin duda, todos son exageradamente duros con ella. Como le reprocha a Keiki, él la nombró Emperatriz, así que lo mínimo sería que la apoyara en vez de suspirar por cada cosa que hace mal.

Y es que su dinámica con Keiki es una de las mejores cosas del libro. Youko está a la defensiva y es agresiva, pero también tiene capacidad de aprender. Solo que para eso debe quitarse sus propios prejuicios de encima. Sabe que los kirin son, de tan buenos, estúpidos, así que nunca confía en el juicio de Keiki porque pecará de amable. Así que Keiki no puede depositar en ella toda su confianza hasta que Youko decide empezar a moverse, abrir los ojos. Arriesgarse a la vergüenza a cambio de aprender desde lo más bajo.

Con todo, Youko quizás se toma muy en serio sus responsabilidades. Tiene que ser su propia espía, su propia mujer para enterarse de qué es lo que va mal en sus provincias porque, como comenta al final de la historia, aunque escribiera a sus ministros para movilizar el ejército, estos no le harían caso. Así que su personalidad independiente y el saber que ha muerto gente a su alrededor cuando podría estar haciendo algo la impulsan a seguir actuando.

No es una Emperatriz, pero será una muy grande en el futuro cuando consiga establecer su poder en la corte.

Aqui Youko siendo badass y poniendo al ejército en su sitio


Da gusto ver cómo no ha involucionado solo para poder crear otra trama, sino que se tiene que enfrentar a obstáculos realistas. Y tropieza para superarlos. No es buena espía, y tampoco investiga lo suficiente —también es que no cuenta con gente que pueda ayudarla, pues Keiki tiene las manos tan atadas como ella— para averiguar lo que necesita. Cuando tiene que evitar la muerte de los rebeldes, solo puede luchar a su lado. De no haber contado con los sirvientes de Keiki es probable que lo hubiera pagado caro, porque va en primera fila de batalla.

Y este es un punto interesante. Youko no es una política, es lo más cercano posible a un soldado. Ya ha matado para obtener su trono y ahora, gracias al consejo de Enho, comprende que debe hacerlo por cuidar a la mayoría de sus ciudadanos.

Algo que me resultó curioso y original es que Youko se pasa gran parte de la novela siendo la Otra. Al principio es la Emperatriz niña que viene de otro mundo y no sirve para nada. Después es la curiosa aprendiz de un sabio hechicero. Más tarde, la sospechosa chica que sabe pelear y mete las narices en todos lados. Al final, es la Emperatriz a la que todos habían estado buscando y que se encontraba desde el principio entre los plebeyos.

Y por eso es una gran evolución cuando Youko asume que tiene muchas cosas que enseñar a su reino. Demuestra por qué fue elegida con su rescripto imperial, que es una de las partes más emotivas que he visto en Doce Reinos. Ordena que la gente no se arrodille ante nadie excepto en situaciones especiales. Con una reverencia es más que suficiente.

Ahí muestra qué clase de reino quiere crear y que ha dado los pasos necesarios para empezar a ser una gran Emperatriz. Todo sin dejar de reconocer que todavía necesita aprender, que tiene que rodearse de gente de todas las clases sociales para no perder de vista la realidad.

Shoukei


Shoukei es un personaje complicado, muy odioso en su inicio pero también digna de lástima. Al fin y al cabo, siempre nos han enseñado a ponernos del lado de las princesas. Shoukei no tenía más que 12 años mentales cuando la rebelión acabó con sus padres y, sin ninguna explicación, la enviaron a vivir a un orfanato donde tenía que trabajar y pasar hambre. En vez de reflexionar, se aferró a su odio porque le parecía un castigo injusto. Y, ciertamente, no les habría costado nada decirle por qué la mantenían viva: para que se reformara. Quizás decidieron perdonarla porque era una niña, si bien la culpan de no haber sabido responsabilizarse en su cargo, o puede que por cierta hipocresía para que un día pudiera madurar y ver que ellos tenían en razón. En cualquier caso patear a una princesa y mandarla a la más pobreza absoluta no va a conseguir que esta tenga una actitud reflexiva.

Además, Shoukei nunca logra integrarse por no tener experiencia en la mano de obra. Que la dueña del orfanato descubriera quién era solo exacerbó su ira, lo que la lleva a enfrentarse al pueblo, a casi morir partida en pedazos y luego, todavía traumatizada, a ser humillada ante la Emperatriz de Kyou. No es de extrañar que casi esté fuera de sus cabales.

La reacción de Shoukei de robar, de volcar todo su odio y envidia en Youko resulta, con todo, forzado por temas de trama. La autora necesitaba que las protagonistas se juntaran en Kei y metió rápidamente un motivo a Suzu y Shoukei sin profundizar. ¡Ea, una quiere usurpar su puesto y la otra ser su amiga, con un par! 

Sería más lógico que se volviera contra la Emperatriz de Kyou, mentalmente más joven y cercana a la edad en la que le quitaron todo a Shoukei. Además, el sistema de Emperadores impediría que una princesa ascendiera al trono, cosa que Shoukei debería saber.

Con todo, su evolución está bien planteada, en especial esa mezcla de ingenuidad y maldad que tiene y que le permite sobrevivir a estafas y triquiñuelas por haber vivido en la corte. También es maravilloso ver cómo cuando alguien la ayuda a cambio de nada empieza a cambiarla.

Y que el golpe final sea identificarse con un plebeyo al que van a desmembrar como a ella. Es lo que necesita para abrir por completo los ojos.

Suzu


Supongo que es algo personal, pero Suzu me resultó el personaje más insoportable porque buena parte de su drama es algo que ella sola provoca. Como bien le resaltan otros personajes, es una hechicera inmortal hasta que alguien le corte la cabeza, que comprende todos los idiomas gracias a la magia, no enferma y lleva un siglo de vida a sus espaldas. Es cierto que ha sido en una montaña con una dueña que puede quitarle el poder cuando quiera, que la maltrata física y verbalmente...

Pero Suzu podría haberse marchado. Otros kaikyaku, mediante el estudio, han conseguido aprender el idioma de los Doce Reinos. Y aunque comprendo en parte sus motivos, creo que entre que le gusta ser una víctima y que su mentalidad es muy poco creíble —Shoukei vivió treinta años como una niña pequeña, pero Suzu tenía unos 16 cuando se volvió inmortal, así que tiene más capacidad de razonamiento y de posibilidades de madurar—y no puedo evitar pensar que tendría que haberle puesto bastante menos edad.

No solo eso sino que Suzu es el personaje que se encuentra con otro personaje completamente increíble y es el pequeño originario de Kei que intenta regresar a pesar de haber perdido a sus padres ahora que hay una nueva emperatriz en el trono. El pobre chiquillo aparece para morir y lo hueles en cuanto sabes que un monstruo le hizo una herida, todavía sin curar, en la nuca [L: Igual que el monstruo le olió a él] [R: a veces me sorprende lo malvada que eres, pero es que se me olvida que las hadas se dedican a cazar niños que entran a sus círculos mágicos]. A pesar de tener unos 12 años le pone los puntos sobre las íes a Suzu, le da discursos de adulto (de los mejores del libro) y reflexiona sobre el egoísmo y la suerte que tenemos cuando seguimos vivos y con capacidad de seguir adelante.

Suzu con Sheishu

Y no me lo trago. Al menos no con el vocabulario que tiene un chavalín campesino y enfermo. No, lo siento. Era necesario para Suzu pero, en especial, para la trama, para darle una bofetada y hacerla madurar cuanto antes y no quedarse atrás. No soy muy fan de este recurso y habría preferido que se llevara a cabo de otra forma.

Pero Suzu no es mal personaje. Puede que me parezca el más flojo de las tres, lo cual no quita que sea bastante decente. Suzu no es un personaje que reflexione mucho, es egoísta hasta cuando debe tomar el camino de la redención y es una pena que su papel se diluya hacia el final. Sin embargo, quizás eso es importante. No ser el centro de forma forzosa, como si fuera la desgraciada protagonista de un melodrama.

Suzu termina por fusionarse con la dura mentalidad de los Doce Reinos, que rebajan el individualismo —sin hacerlo desaparecer— a favor del bien común, de una mentalidad más igualitaria y de grupo. Y tengo curiosidad por cómo le afectará en los próximos libros, cuando por fin tenga una personalidad más madura.

Otros


Los otros personajes son complicados de definir. Muchos están para dar discursos, como Seishuu, o presentar situaciones al lector, como Langyoku, pero no por ello dejan de ser personajes. Todos tienen alguna cosa, algún momento que puede afectar al lector. Si no es que Seishuu al final del todo está muy, muy solo y llama a Suzu porque no quiere morir así —y lo hace—, es cómo Langyoku llama a Youko para que la salve. También tenemos a los rebeldes y su lucha justa y a veces no bien recibida, o la sabiduría resignada de Enho, que podría haber hecho mucho más pero prefirió mantenerse apartado de la política, en vez de salvar vidas.

El problema es que son muchos personajes, que tienen relativo poco espacio. Pero todos hacen algo interesante, quitando los enemigos. Las Emperatrices de Sai y Kyou tienen unas mentalidades opuestas pero muy interesantes a la hora de gobernar sus reinos, mientras que están los personajes más bajos como la cuidadora de Shoukei o la ama de Suzu que a pesar de ser antagonistas hasta cierto punto, tienen sus motivos y no son personajes planos. Se podría decir que los únicos aburridos u olvidables son los enemigos, representados como lo peor de lo peor y a los que no se les da ningún motivo para lo que hacen.

Y eso no está mal, tampoco es que ellos fueran necesarios. Pero habría sido interesante que tuvieran más peso directo en la trama, ya que gran parte de todo lo que sucede es por su culpa.

Mundo


Oh, el mundo.



Doce Reinos está hecho para que puedas coger cualquier novela y leer sin necesidad de tirar con las anteriores. Claro que lo mejor es seguir un orden cronológico y todo eso, pero uno puede decidir si seguir solo la historia de Youko o si empezar por orden de publicación.

Así pues, es posible que la presentación del mundo resulte un poco demasiado repetitiva para cualquiera que haya leído los libros anteriores. Es decir, aparece de una forma menos orgánica que en la primera historia. ¿Por qué? Bien, allí tuvimos un libro entero para enterarnos solo de en qué puñetero lugar estaba Youko, por qué la perseguían y cómo funcionaban los elementos más básicos. Ahora hay que resumir todos estos elementos y traerlos de vuelta. 

Para eso se usa a Suzu, como nueva persona introducida a los Doce Reinos, y la caída del padre de Shoukei para explicarnos qué es un Emperador, que puede fallar y que tiene un kirin. A partir de estos dos elementos se explica todo lo alien al lector, mientras que Youko directamente busca profundizar el tema de los monarcas y cómo funcionan los reinos.

Lo que ocurre es que todo es muy brusco y rápido, y las explicaciones podrían haber sido mejores. El libro peca mucho de esto; por ejemplo, a veces la narrativa te planta dos páginas para explicarte cómo funciona algo —en vez de buscar una forma más fluida u orgánica mediante una escena— pero cuanto más leo a japoneses ¿más creo que es su forma y cultura de escribir? No me gusta, pero en ocasiones es muuucho más descarad como en cierta novela histórica sobre la primera doctora japonesa que estaba leyendo (Ginko Ogino) y que a veces parecía un libro histórico porque el autor mete comparaciones con el presente o detalles distantes y que no tienen ningún lugar en la narrativa.

El caso es que, aunque sea muy infodumping, Doce Reinos quiere explicarse y eso está bien. ¡Sobre todo por que sirve para establecer una sociedad fascinante!

Por ejemplo, encontraremos comparaciones entre diferentes reinos definidos por sus Emperadores o Emperatrices —la verdad es que se refieren a todos como Ou que se traduciría como Rey. No tiene una intención sexista, es una referencia a su cargo, pero en español no quedaría bien que hablara de todos en masculino—: Hou, el reino natal de Shoukei, es uno de los más desgraciado porque durante varias décadas su Emperador lo hizo mal, pero fatal, y eso afectó a nivel general al reino. Al haber asesinado a la kirin por haber escogido a un mal monarca —lo cual hace pensar en la suerte que ha tenido Keiki de que el reino de Kei no haya llegado a los extremos de Kou—, el reino se ha condenado a pasar más de una década en la peor de las miserias, pues sin un Emperador en el trono, no solo atacan los monstruos, sino que el suelo se vuelve estéril y se suceden los desastres naturales. 

Eso unido a que Kou es una isla gigante aislada y con mucho, mucho frío… Bien, la catástrofe está servida, porque primero tiene que nacer un nuevo kirin que se insinúa que ha desaparecido y no ha muerto y luego debe crecer y entonces, y solo entonces, buscar a su Emperador. Como en el caso de Youko, solo con sentarse en el trono ya se conseguiría que cesaran los desastres naturales y los ataques de los youma. Sin embargo, eso no es suficiente para levantar un reino. Así que, a grandes rasgos, a Kou le espera mínimo medio siglo de infierno.

Esto se une con la problemática de la vida de los Emperadores. Pueden cagarla mucho, fallar por el camino tras haber hecho medio siglo de buena ética, o hacerlo genial durante siglos. En cualquier caso, cuanto más viva un Emperador, más puede afirmar los cimientos de la sociedad que quiere crear. Porque se necesitan muchos, muchos años para establecer un buen reino. Así pues, el sistema de Doce Reinos permite estabilidad evitando las luchas entre herederos —ningún príncipe puede ascender al trono, es de las pocas prohibiciones radicales que tiene el mundo; pero solo es un reflejo de lo que sucede entre los plebeyos, que reciben una tierra que a su muerte deben devolver al gobierno. No hay herencia en este mundo— y la larga vida de un monarca decente que no contará con un grupo de oposición que deshaga sus acciones simplemente porque no son de su facción política y… de qué me suena esto.

Shoukei capturada (qué bonito, todavía no sabía que iban a intentar arrancarle los brazos y las piernas)

Una tarea como esta es monumental. Solo hay dos reinos que han vivido con el mismo Emperador más de medio milenio, se exploran en otro libro de relatos cortos muy interesante, y eso significa que uno de ellos no tiene a nadie a quien seguir o imitar porque pronto superará a cualquier otro monarca habido. ¿No es terrible pensar en que vas a ciegas, sin ejemplos de qué no hacer? ¿Y lo que supondrá la caída de un monarca así? Porque cuanto mayor es la grandeza de un país, más se resiente tras un largo, laaaargo reinado durante la caída. El día que el Emperador de En, por ejemplo, muera... me apiadaré mucho de sus habitantes.

Estos elementos se exploran por encima pero se dejan caer de forma muy intensa. Youko es una más de tantos Emperadores, que podría fallar de un momento a otro, pero tiene buenos y malos ejemplos a seguir.

Y eso me lleva a hablar de las dos Emperatrices que hubo antes que ella. No por ellas en sí, sino por el tema de que en Kei hay una suerte de misoginia. No está generalizada, sino centralizada contra Youko por ser mujer. ¿Por qué? Porque tuvieron un reinado muy largo y bueno con un Emperador y las dos siguientes mujeres elecciones fueron breves, cortas y catastróficas. A ello se une que la última Emperatriz expulsó a todas las mujeres del reino para que Keiki no pudiera enamorarse de ninguna —personalmente veo a los kirins muy asexuales, pero sería un romance interesante. Más que el de Memorias de Idhún, al menos, con un verdadero y fascinante conflicto—, por lo que ahora en Kei hay sobre todo hombres. 

En otro libro me habría quejado de esto, que sirve para plantear un mundo más patriarcal, dentro de lo que cabe, y con los conflictos típicos de las mujeres. Pero nunca se lleva lejos y es simplemente otro obstáculo que Youko debe superar. Además, a través de Keiki y sus recuerdos se humaniza a las anteriores Emperatrices. Podrían haber sido buenas gobernantes, pero por un motivo u otro no lo fueron y ambas tuvieron finales trágicos. No son una mera excusa para que Youko sea la pitufina de la historia.

No solo eso, sino que la ausencia de mujeres se aprovecha así para explicar detalles de su función en la sociedad. Por ejemplo, se te cuenta forman parte del ejército pero están menos interesadas en él porque suelen estar más en tareas administrativas o de control social. Ya sabéis, alcaldesas, funcionarias y todo eso.

El problema es que la sociedad es muuuy binaria. No he visto a hombres trabajando como las sirvientas de Kyou, tampoco hay prostitutos y las mujeres siguen siendo protegidas por la noche. Pero es cierto que al quitar el papel de la maternidad, un hijo solo se puede obtener cuando un hombre y una mujer están casados, las mujeres no están tan perjudicadas como en nuestro mundo.

Sobre el tema del matrimonio, es interesante porque es algo completamente político y económico, que en general se busca para trasladarse a mejores porciones de tierra que por otra cosa. Existe la separación y no hay problema con ser soltero. Ni siquiera creo que exista el término como tal. Mucha gente vive junta sin intención de casarse. Pero vaya, que tienes que aparecer en un registro si quieres que el Dios del lugar te dé un bebé. Y ni siquiera entonces puedes estar seguro de conseguirlo, por mucho que ates un lacito al árbol del que nacen los niños y esperes con toda tu alma que nazca uno. Como en nuestro mundo, solo que con menos dolor, sangre y sin dudas sobre la paternidad.

Hay muchos detalles acerca de la economía, de los problemas a la hora de construir puentes o cuidar de la tierra. Me gustó que se trate lo difícil que es para Kei ser vecino del rico reino de En, donde los pobres lo pasan bastante mal porque su nivel de vida hace que todo resulte demasiado caro para ellos. Youko tiene que enfrentarse a la pobreza de su reino y romper sus esquemas de Japón y centrarse en conseguir comida para todos antes que un hogar que tardaría demasiado en construirse, por ejemplo. Se nos habla también de los modos de reproducción de los animales, de la existencia de pájaros que devoran minerales y sirven como mensajeros entre Emperadores, así como de la distribución de los dioses por las ciudades o el origen y evolución histórica de las mismas.

Por último, datos interesantes también son la compleja (casi estúpida, como apunta Youko) organización de los palacios imperiales, casi ciudades por sí mismas y muy deshabitadas. El protocolo de la corte es rígido y anticuado, así como las ropas —por ejemplo, Youko termina renegando de los recargados vestidos femeninos para que no la vean tanto como una Emperatriz— son exageradamente pesadas para hombres y mujeres [L: Yo veo ahí una Segunda Ley clarísima] [R: Youko prohibiendo ciertas ropas en la corte, sería divertido xD]. El Emperador de En, por ejemplo, comenta que le llevó siglos que le permitieran ponerse algo más normal.

En definitiva, es un mundo trabajado, lleno de preciosos detalles.

La verdad es que no sé cómo se mueve Youko con esto

Conclusión

Skies of Dawn es una digna continuación de la historia de Youko. Toma elementos del anterior libro y los expande, sin tener por eso que dar pasos hacia atrás. Hay más personajes, más desafíos, más obligaciones y, ante todo, más worldbuilding. Es perfecto para quienes quieran alejarse un poco de la literatura juvenil habitual. Probablemente resulte denso para muchos, porque es un mundo que se toma en serio a sí mismo, y sorprenda que las batallas duren tan poco o se dedique menos atención a la gloria final de los personajes que a su desarrollo. Pero es un estilo diferente, refrescante y que deja con buen sabor de boca. 


Lo mejor


Worlbuilding, personajes femeninos, reflexiones sobre el egoísmo y la vida. 

Lo peor


Infodumping (a lo bestia), la falta de credibilidad con el discurso de algunos personajes. Binarismo.


P.D: Todas las imágenes son oficiales.

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