Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

jueves, 1 de diciembre de 2016

De feminismo y personajes femeninos (IV): la ignorancia sexual


¡Bienvenidos! Frederika a vuestro servicio.

¡Vamos a hablar de personajes femeninos en la literatura por cuarta vez!

En este artículo haremos varios spoilers de los siguientes libros y no irán marcados como tal, así que si tienes interés en leerlos mejor que no sigas a partir del recuadro en que avisamos de spoilers: La Elegida de la Muerte, Graceling, Nos mienten, La hija del Nilo, Mago y Cristal (la Torre Oscura). También se usarán algunas imágenes con tonos sexuales.


Sin más dilación, iré al grano.


¿Creéis que las mujeres son ignorantes?







Bueno, quizás esto sea ir demasiado al grano.... Es mejor que entremos un poco en contexto. Durante la mayor parte de la Historia, la mitad de la Humanidad, la población femenina, nunca ha tenido estudios. Pero tampoco los han tenido los hombres —si excluimos a una evidente minoría religiosa, incluso nobiliaria dependiendo del lugar y la cultura—. Ha sido solo durante los últimos dos siglos, con la extensión de la educación y el nacimiento de un feminismo reivindicador, que las perspectivas han empezado a cambiar no solo para los hombres, sino para las mujeres.

Así pues, podemos afirmar que las mujeres en general han sido casi siempre tan ignorantes en términos de letrados como los hombres.


Hasta aquí todos de acuerdo, ¿no? Ahora podemos decir sin miedo que nadie es completamente ignorante por no saber leer. Al igual que un hombre iletrado, una campesina, una burguesa o una noble sabe hacer muchas cosas. Están las tareas tradicionales como cocinar, limpiar, seleccionar hierbas, cuidar de niños, de animales, del campo, organizar a sus compañeras, y un largo etc. No podemos olvidar el hecho de que, en general, las mujeres siempre han ayudado o cargado con el peso del trabajo de sus maridos. Así que muchas veces hacían tareas realmente pesadas (al nivel de un hombre) o que exigían concentración y destreza.

Nos vamos acercando. Las mujeres, a las que la Historia tanto gusta de ignorar, siempre han existido como comunidad. Además de trabajar, se reunían en las casas de sus amigas, en los baños públicos, en las plazas, ¡todo depende del país y de su cultura!

Pero en la mayoría de libros que he leído, las reducen a un mero recipiente de hijos… o a una criatura sexual para disfrute del hombre. No os preocupéis, el tema de la Mirada Masculina lo podéis leer aquí. No vamos a hablar hoy de eso, aunque tiene bastante que ver:

¿Nunca os habéis detenido a pensar lo absurdo que es asumir que una mujer con un mínimo de inteligencia, a la que la sociedad reduce de cara al público a ser un recipiente para tener hijos, no tenga ni idea de sexo?


Repetid conmigo: esperan que nos creamos que una mujer no tiene ni idea de su «trabajo» más básico e importante, que definiría su supervivencia y su estatus social.

[Una de las cosas que más me sorprendió en el manga de Innocent es que pusieran a la madre de María Antonieta enseñándole cómo es el sexo (con libros y, como veis, en directo) para que pudiera tener un hijo. Porque ese era su destino y no debía fallar bajo ningún concepto. Para ellas tener un hijo no era placer; era una necesidad.]


Sabemos que la Iglesia nunca ha tenido mucha idea sobre mujeres, por no decir que no tiene pajolera idea. Nadie se ha creído, ni ha querido representar (porque no existió) la sociedad puritana que defendían la Iglesia y tantas otras religiones. Nadie se creería un mundo donde todos sólo tienen sexo para tener hijos y no por proporcionarse un mínimo de placer. Nadie se imagina un mundo donde los caballeros violan mujeres porque simplemente quieren muchos bastardos que añadir a su línea familiar.

Así que, en cuestión de hombres, asumimos y aceptamos que la Iglesia o las crónicas nunca dijeron la verdad, sino un objetivo a perseguir.

Por eso me deja de piedra pómez cada vez que leo en una historia cómo las niñas o mujeres vírgenes no saben… nada. Incluso cuando ellas son las narradoras. ¿Sabéis por qué pasa esto? Porque eso es lo que los hombres han transmitido siempre. En las novelas medievales, en los poemas, en la cultura. Los hombres querían darse el gusto de tener algo «puro» para sentir que tenían poder sobre su descendencia —algo que es muy exclusivo de las mujeres cuando no tienes métodos para averiguar quién es el padre. Pero la madre siempre será la madre— y sobre la mujer. Por eso querían creer, y siempre se representa lo que uno quiere creer, que sólo ellos estaban en posesión de la verdad.

Porque, vamos a ser sinceros. Un niño campesino sabía que un día tendría hijos y más o menos cómo funcionaba. Igual que un caballero desde niño imaginaba a qué iba a dedicarse y también que tendría hijos. Con las mujeres sucede lo mismo, pero la narrativa arrebatará cualquier posible conocimiento al personaje femenino.

Permitidme que me ría en la cara de los escritores —podría en general de los hombres (y mujeres) pero ya lo hago todos los días, así que seamos un poco más concretos— que siguen pensando en eso.

No voy a decir que no haya mujeres que no saben del sexo. Siempre hay excepciones... Aunque  no es como si se nos dirigiera una constante y pesada multimedia que nos explica con todo detalle qué esperar de los hombres —que sean dominantes y tú estés tranquila y abierta de piernas—. Así que sí, puede haber gente que no sepa del sexo pero en realidad siempre se sabe algo porque nos bombardean desde todos lados. Es una información retorcida y que deja enormes vacíos porque está enfocada desde el punto masculino, pero que existe. Igual que existía antes aunque no hubiera televisión o la gente no supiera leer. La diferencia es que, incluso si ahora algo tan básico como las compresas está condenado y mal visto, en la sociedad occidental la liberación de la mujer ya está dando pasos y quiere ser crear más que una «madre potencial». Ahora no te enseñan que sólo vas a ser mamá, así que se puede justificar que no te enseñen desde niña cuál es tu oficio.

No era el caso de las mujeres que había antes de nosotras. Las acosaban con que el placer era malo —porque el que debe sentir es el hombre mientras manipula el cuerpo femenino— y por tanto, que existía y que era fácil caer en él. Así que todas las mujeres sabían que existía y que estaba a su alcance. Para los que no lo crean (que los habrá) solo hay que ver este artículo y recordarnos que está ahí y forma parte de nosotras.

Reivindicaciones de muggles aparte, el caso es que las mujeres tenemos todo el tema del sexo sometido a la visión masculina. Así que, ¿cómo se ha organizado esto siempre? Con el boca a boca. Por experiencia sé que la mayor parte de las cosas se aprenden sentándote a hablar con una madre, una familiar o una amiga. Dependiendo de la cultura, ese miedo se vencerá antes o después. La adolescencia y el estar cachonda también lo viven las mujeres, aunque sorprenda a muchos escritores y lectores, y la curiosidad es innata.


Sobre todo, para qué negarlo, si da gustirrinín. Y los niños lo saben: por eso de bebés se machacan la entrepierna sin importar que sean niños o niñas. De más mayores, tocarán por probar para buscar algo más concreto. Ya digo que siempre habrá excepciones a la regla, pero es absurdo hacerlas mayoritarias y seguir enseñando a las mujeres que ir pura y virginal y cosificada a la cama nupcial es (y ha sido) lo más normal del mundo.

No lo es.

Y si tenéis dudas, sentaos a pensar: ¿creéis que una madre dejaría que su hija fuera a la cama con un hombre sin saber lo que le espera, sobre todo en una época donde el hombre no piensa nada más que en meter y sacar y la muerte acechaba constantemente a la mujer? Algunos escritores se creen muy inteligentes por meter el tema de la sangre como algo planeado por un grupo de mujeres —otra manipulación femenina para dejar satisfechos a los hombres, ya que no todas sangran al romperse el himen— por la desvirgación. Y ahí se quedan, tan anchos. Pero hay más, mucho más.






Sin embargo, muchos autores y autoras no parecen verlo.

Veamos este ejemplo:


La Elegida de la Muerte, de Virginia Pérez de la Puente, tiene como protagonista a Issi. Una mujer diferente, guerrera, independiente y todo el rollo que ya nos conocemos. Como pasado tiene el drama de la violación que define toda su vida. Más allá de lo cansino y agotador que es poner siempre algo así como fondo para la historia de una mujer (artículo de Rocío Vega El abuso del abuso) vamos a ver una cosa reveladora:


«—¿Estás sola, niña?

Issi miró al hombre, enfurruñada. Era feo: joven, sucio, con los dientes marrones. Olía mal. Y sonreía de una forma que Issi no le gustaba nada.

—No —contestó bruscamente.

—Ah. —El hombre se acercó aún más, y soltó la mugrienta bolsa que cargaba, y que parecía bastante pesada, llena de bultos informes—. ¿Y dónde está tu… acompañante?

Issi señaló al río, que saltaba y brincaba sobre las piedras cubiertas de musgo, recién liberado de la montaña que lo retenía. El rugido de la fuente del Tile se escuchaba amortiguado por la distancia. Mejor así: no quería tener que oír las risitas de Keyen, ni las de la chica con la que se había ido. A bañarse en el río. Ya.

—Bien —dijo el hombre, y su sonrisa se le antojó siniestra.» (p. 373)
Os voy a ahorrar la violación que, por suerte, se limita a decirte cosas como agonía, penetración, embestida y tal. Vamos a lo importante. Para empezar, esta persona marcó la vida y el odio de Issi por los hombres —virginidad absoluta pero trabajar de mercenaria vestida de mujer. ¿Sentido? Ninguno— pero no tiene descripción. Podría considerarse una deshumanización pero se supone que este es un punto clave. La historia se enfoca más en cómo la salva Keyen al daño psicológico que le causa a Issi. ¿De verdad se puede olvidar la cara del hombre que te viola siendo niña? ¿O no estar como mínimo obsesionada con ella en una constante lucha por olvidarla? Personalmente lo veo un error y podéis consultar el artículo de Dalayn sobre que el abuso tiene consecuencias.

Pero lo que me trae de cabeza de nuevo es la educación femenina, que desaparece cuando al autor le conviene. Estoy segura de que todos los que estáis leyendo esto habéis escuchado: «si se te acerca un extraño, aléjate». En una Edad Media fantástica donde las mujeres son tan carne de presa como ahora, las niñas estarían más que advertidas contra hombres de «sonrisa siniestra». Es más, lo estarían contra cualquier hombre, ya sea porque no hay que acercarse a viajeros o porque antes la sociedad no era tan puritana y te decían que tenías que mantener las piernas cerradas para no perder tu valiosa virginidad. Las niñas deberían saber cuándo alguien es peligroso. Es más, Issi lo sabe pero la autora ha hecho que esté tan celosa de una chica —de la que ni sabemos su nombre— porque está con su amigo —de nuevo enfocamos a la sexualidad como algo malo, porque míralos, ahí teniendo sexo, y acto seguido hay una violación porque Keyen no estuvo para proteger a la niña por culpa de esta desconocida. Seguramente doña Virginia no pretendía algo así pero ¿veis a dónde voy a parar?—.

[A veces es inevitable. En el manga de Berserk, la co-protagonista Casca casi fue violada de niña. Agresiones sexuales a las que no son ajenos sus compañeros masculinos. Pero la trama lo enfoca como que ella sospechaba que sabía lo que iba a pasar y marchó con el noble porque sus padres no tenían nada más que darle de comer. Y aun así en el momento intentó escapar (y luego pasan cosas guays)]

Así pues, en general muchos autores gustan de establecer el primer contacto sexual como algo violento, traumático o doloroso. Y luego viene el hombre apropiado que sana a la pobre dama. Lo casos más extremos llegan al punto de que las niñas ni saben cómo denominar el acto, porque, claro, no es como si los campesinos vivieran en casas de una sola habitación donde no había la más mínima intimidad. Otros lo hacen ligeramente mejor, pero no del todo. En Canción de Hielo y Fuego Arya y Sansa nunca hablan del sexo pero saben lo que es la violación, así que las han preparado para ello. Más o menos.

¡Pero Rika, en muchos libros aparece la iniciación al sexo de una chica con otra chica o con una mujer! ¡O escarceos con el novio! ¡Antes de la boda!

De acuerdo, hablemos de estos encuentros pre-penetración (la única forma de sexo que parece existir). Una de las escenas que más me ha marcado para mal este año fue el principio de Mago y Cristal, de La torre Oscura. Admiro mucho a King, que intenta ser feminista, pero de mujeres no tiene ni idea y eso siempre lo he tenido claro. Esa escena me lo confirmó. Pongámonos en contexto:

¿Os imagináis algo más innecesario a que una vieja bruja —y fea— enseñe a una chica virgen dónde surge el placer? Y lo hace por maldad, que conste, porque así la niña sufrirá con el anciano que debe acostarse. Y ella, por supuesto, reacciona como se espera de una jovencita sana de 16 años: «omg, qué es esto, ¡voy a tener un orgasmo!» Y luego se va a disfrutar de su recién descubierta faceta sexual… Mancillada por los dedos de la vieja bruja y ansiando que la manosee algún señor.




El libro tiene mil pegas más, como reducir a la pobre chica a un mero interés sexual que te venden como algo romántico, pero aquí vamos a centrarnos en el aspecto de la «educación sexual». El problema no es tanto que una señora te enseñe cómo funciona el clítoris, sino que el personaje no sepa de su existencia. El problema es que los personajes femeninos sean tan vacíos que no tengan nada de poder sobre su cuerpo porque es lo que la sociedad machista espera de ellos.

Y no digo que no pueda pasar que una chica que nunca ha tenido escarceos o necesidades no descubra su sexualidad hasta los 16 años. Digo que la representación normalmente es muy patética y, lo peor, ignorante. Ignora que las mujeres hacen algo más que odiarse entre ellas, ignora que darse placer es posible sin que haya que sexualizarlo —creo que vi un gran ejemplo en la película Babadook— para los ojos de un hombre.

Vamos, decidme, ¿cuántos personajes habéis visto que no sepan nada de sexo? Si sólo se os vienen a la cabeza tres tipos de personajes femeninos (virgen, prostituta —lamentablemente incluyo aquí a las mujeres con apetito sexual porque los libros las tachan de tal— y casada) es que estáis leyendo a un/a autor/a que escribe desde estándares machistas. Hay más variantes, que podéis ver en este artículo de Cuervo Fúnebre pero en general no muchas. Porque mientras puede crear una sociedad de hombres donde se encuentra al niño inocente, al adolescente que siente curiosidad, al hombre que no quiere tener sexo, al violador, al respetuoso, al que quiere ir de marcha, al que solo le apetece de vez en cuando, etc… Ha creído en lo que siempre se nos ha contado:

Que las mujeres funcionan de acuerdo a lo que creen los hombres.



Pero pensemos. Pensemos en las brujas y su relación con la sexualidad. Pensemos en todas las hierbas que se pasarían las mujeres para aliviar los dolores de la regla a espaldas de la Iglesia, para cuidarse unas a otras porque los médicos —si es que se los puede llamar así— no tenían ni idea de cómo funcionaba la vagina, o simplemente por herencia tradicional. Pensemos en las mujeres nobles japonesas que vivían encerradas en sus casas y se dedicaban poemas de amor y más atenciones entre sí —Safo no era excepcional—, en las mujeres de los harenes o, simplemente, en que una campesina no tenía nada en su vida excepto trabajar y servir a su marido… y cotillear con las amigas. Porque de verdad me sorprende cuando las mujeres en las novelas aparecen aisladas excepto para representarlas como una red siniestra de marujas.

Al final no hay más que ver el contraste de visiones entre hombres y mujeres para darnos cuenta de por dónde tira el autor/a.

Pongamos por ejemplo La hija del Nilo, de Javier Negrete, que incluye en las últimas tres páginas una escena de sexo obligado porque sabemos que Cleopatra tuvo un hijo con César. Durante toda la novela se enfatiza la virginidad de la joven Cleopatra en contraposición con sus hermanas —en especial Arsinoe, ligeramente más joven que ella, que incita a incesto a su hermano, no recuerdo su edad pero bastante pequeño—, todas «putas» y sedientas de sexo. Todo justificado por una profecía random que don Negrete se inventa al principio sobre que debe acostarse con «un dios entre los hombres».


[De verdad, Cleopatra probablemente no era guapa, pero ese terror que le tienen los hombres a mujeres inteligentes y atractivas (una cara no agraciada no implica que no puedas ser atractiva) me fascina]

«Él había empezado de forma casi brutal, arrancándole la ropa sin miramientos, con tanta impaciencia que le rompió los broches de la túnica. Después se quitó la capa, la tiró en el suelo y la tendió a ella encima. Pero cuando la abrazó y se dio cuenta de que Cleopatra temblaba de miedo, toda aquella violencia se convirtió de repente en suavidad.

Nunca lo has hecho —dijo él. No era una pregunta, sino una afirmación.

[…]

Ella estaba asustada, y de repente pensaba que su virginidad no suponía ninguna carga como llevaba lamentando tantos años, sino un don que debía mantener. ¿Por qué no permanecer así para siempre, como una Atenea o una Ártemis reencarnadas?

Sin embargo, César empezó a recorrer su piel con besos y caricias tan sutiles que poco a poco despertaron el deseo de su cuerpo pese a que su mente se negara a aceptarlo. Cuando quiso darse cuenta, la mano de Cleopatra, desobedeciendo a su voluntad, tomó el miembro de él para guiarlo hasta su interior, y lo sintió duro, cálido y seco entre sus dedos. El dolor de la primera vez no fue tan intenso ni largo como temía, pero tampoco el placer la llevó a las alturas de éxtasis que, según los tratados de amor, podía alcanzar una mujer.

«¿Y esto ha sido todo?», pensó cuando él se retiró de ella. Mas, para su sorpresa, él no se separó del todo, sino que siguió besándola y susurrándole que la odiaba porque ella lo había embrujado con su magia. «Te odio. Te odio, Cleopatra», insistía César. Aquellas palabras cosquilleando en sus oídos la enardecieron sin saber por qué, y volvió a rodearlo con los dedos y descubrió con sorpresa que aquel veterano guerrero estaba de nuevo listo para el combate.

La segunda vez resultó muy diferente. Algo inesperado estalló de repente en su interior, una explosión de calor húmedo que la pilló por sorpresa, y gritó sin poder controlarse mientras enlazaba las caderas de César con sus piernas y le clavaba las uñas en la espalda.

No recordaba en qué momento la había vencido el sueño. Su última memoria, que había querido creer una visión onírica más, era la de aquel momento de éxtasis tan intenso que casi se transformó en dolor y que la había asustado mucho; pues ella, siempre tan serena y controlada, se había sentido fuera de sí, poseída por algún dios.

“Un dios entre los hombres”, repitió para sí abriendo los ojos y saliendo de aquella ensoñación momentánea». (p. 549-550)

Porque, claro, que una mujer tiemble de miedo ante una violación es sinónimo de virginidad y no de otra cosa. Porque esto es violación y palabras de odio y forzar el cuerpo hasta que produce una reacción natural —mientras ella sigue pensando que no quiere— es algo positivo de acuerdo a la narración aunque está desde el punto de vista de ella.

Cleopatra, ¡albricias!, no es ignorante: quiere tener sexo, ha leído sobre el tema, sabe que tiene a cualquier esclavo a su disposición como es el caso de sus hermanas —además, la mayoría son eunucos así que no hay riesgo de embarazo— pero la profecía la ata. En toda la escena no encontramos más que eufemismos que defienden la actuación de César, lo cual me hace mucha gracia, porque la idea de una chica virgen que se rinda a los encantos de un cuarentón medio calvo es muy raro. Y no solo eso sino que lo equipara a un dios porque la segunda vez tiene un orgasmo. En realidad no recuerdo ahora mismo si Cleopatra se masturbaba o no, pero al menos sí sabía lo que era el placer sexual. Por eso no puedo dejar de arquear las cejas cuando encuentras que un señor como César consigue atraer sexualmente a una chica que tiene bellos esclavos donde escoger (en realidad todo se resume en que Negrete pone que los egipcios son unas "señoritas" manipuladoras y poco viriles). Sueños de señores mayores.

En fin, la narración relaciona todo lo asqueroso y vil con las hermanas que no se mantienen vírgenes y convierte a un símbolo de poder femenino, de inteligencia y control del propio cuerpo, en una chica que aprende con César. Y que no es capaz de llamar las cosas por su nombre. Porque a pesar de ser una cultura donde se tienen muchos conocimientos sexuales y que lo lógico de acuerdo a la historia sería que Cleopatra supiera cómo seducir, cómo protegerse o cómo insinuarse, es mejor poner que César la viola mientras la ciudad de Egipto arde —al día siguiente Cleopatra quiere pensar que es una pesadilla—. El detonante es que César la salva de un asesinato. Porque ver cómo le van a quitar a la chica le excita.

Pero el problema, insisto, es el tema de la virginidad y el desconocimiento como un enfoque positivo. Porque esa ruptura de la inocencia es lo que chifla en el machismo. Todo gira alrededor del pene del hombre, del gran guerrero, que viene a dar guerra. Y que es capaz de excitar a una chica de 17 años.

Allí donde el punto de vista de un personaje masculino es completamente sexualizador —pechos, pezones, labios, curvas—, la joven siempre idealiza sin ver nada carnal. Permitidme que me ría. Que a las mujeres les enseñen a ver a los hombres como personas no implica que no haya interés por sus músculos, por su figura, su culo, sus piernas o lo que haya en la entrepierna. Pero eso… Juraría que solo lo he visto en los libros que tocan temas eróticos o pornográficos, si bien es completamente habitual en todos los demás libros por parte de los hombres.


Pongamos más ejemplos de escenas de sexo narradas por mujeres, escritas por hombres y mujeres.

En Nos mienten, entre Nora y Domingo, que son matrimonio:

«Una presa de brazos sólidos la atrapa por detrás. Sonríe. Un cuerpo pesado la empuja contra la pared de la ducha. Siente las baldosas frías en la cara, aplastándole los pequeños senos, mientras las grandes manos de Domingo la toman de las caderas.

El peso no cesa hasta que se abre de piernas y siente su miembro dentro. Un poco incómoda al principio, se deja hacer, colabora y al final alcanza un orgasmo casi por compromiso. El agua de la ducha se lleva los fluidos compartidos. Al fin él le permite volverse. Domingo tiene la mandíbula cuadrada, la nariz un poco torcida, secuela de una pelea que no ha querido arreglar, y una mirada como dos puñales de metal negro. Le acaricia el mentón y le sonríe de medio lado.» (p. 20)

A pesar de que la narradora es mujer, se nos resaltan sus senos, su caderas, ¡y ojo con decir «pene» no haya que lavarle la boca a la niña! Pero, cuando se da la vuelta, ¿nos describe el escultural cuerpo de su marido? En absoluto: va a la cara, a los ojos, a las mandíbulas. A elementos humanizadores y viriles.

Otro ejemplo del mismo libro, esta vez entre Nora y Ernesto. Ella es su guardaespaldas. El libro deja caer que Ernesto le droga la comida antes de que ocurra esto:

«Mira a su patrón. La lejanía de Ernesto se está diluyendo en la luz azulada de estrellas que en realidad no son visibles. Se acerca a él y se detiene a unos centímetros de su cara. Cierra los ojos. Su aroma, que antes ha percibido como un tono lejano, es en ese momento un tóxico intenso, una mezcla nociva. Siente el calor de su piel muy cerca. No abre los ojos, no puede, si lo hace se retirará avergonzada. La mano de Ernesto toma la suya y el olor de su piel la invade, rompe todos sus diques y barreras. Sin abrir los ojos, Nora hurga en su cinturón. Allí, en una pequeña funda, guarda un dosificador de noradrenalina, un recurso de emergencia que tienen todos los polizos para combatir en espacios contaminados por químicos de supresión emocional. Aquella dosis es su última línea de defensa, lo sabe. Ernesto también. La impide alcanzar el dosificador con unos dedos que parecen ser, por un instante, de acero y al siguiente, cuando recorren su cuerpo, de seda.

Nora da con su espalda desnuda contra el suelo. La dureza de la tarima no logra apagarle la excitación que, como golpes de calor, la recorren el cuerpo. Lo tiene encima, una masa de carne y sangre, de labios, dedos y lengua; una avalancha de largos músculos en tensión; huesos, caderas, codos, pómulos como picos de montañas rompiendo la monotonía de extensos espacios carnosos. Nora pierde la identidad de su cuerpo, es tan solo un lugar remoto del que su mente apenas es consciente, ocupada en asimilar latigazos de un placer cada vez más intenso, cimas que escala con una facilidad pasmosa. Lo tiene dentro de ella, golpeándola contra el suelo, causándole cardenales en los glúteos, en los codos y talones, y sin embargo flota, despegada de la realidad.

Cuando llega al clímax, un punto lejano, sin oxígeno ni compasión, grita hasta que le duele la garganta. Un poco después, mientras busca el camino de retorno hacia sí misma en sucesivas mesetas llenas de espasmos, escucha un gemido alejado, bajo y profundo. No es el bramido animal de Domingo, sino una melodía, un canto delicado y hondo, armónico.

Al menos el que les puso el nombre [de Ángeles] acertó en algo: follan como ángeles.» (pp. 94-95)

Jeje, sí, folla como los ángeles mientras te viola. Jeje. Seguro que el autor (sí, es un señor, ¿os sorprende?) se ha sentido muy inteligente con esto. Pero vamos, en una primera escena con un marido donde se supone que hay confianza pero aburrimiento, la descripción es el cuerpo de ella. En una violación, se recurre a una descripción «carnal». La excusa para centrarlo todo en ella es la droga, de modo que no vemos nada excepto su cuerpo siendo descrito y acosado (provocándole placer) y nada del hombre excepto lo que es dominante.

Por cierto, os dais cuenta de que esto ni siquiera está situado en una sociedad medieval, ¿verdad?




Bien, sigamos a un ejemplo más juvenil, de fantasía medieval. El libro es Graceling y la escena entre Po y Katsa, los protagonistas:

«Entonces se acordó de la sangre que tenía en la boca, pero eso atrajo de nuevo la boca de Po hacia la suya, saboreando, buscando, mientras las manos de Po tanteaban sus ropas, y las suyas hacían otro tanto con las de él. Y notó la calidez de la piel de Po, mientras se exploraban los cuerpos. Al fin y al cabo, se conocían tan bien como unos amantes, pero el contacto lo hacía todo diferente: la avidez de la proximidad había reemplazado al afán de escabullirse.

—Po... —musitó en determinado momento, en que una idea clarísima se le metió en la mente de golpe.

—Está entre los remedios —susurró él—. Hay hierba doncella en el paquete de medicinas. —Y sus manos y su boca y su cuerpo la hicieron regresar a un estado de confiado abandono. La embriagó; la arrebató, ese hombre. Y cada vez que los ojos le resplandecían al clavarse en los de ella, se quedaba sin respiración.

Cuando llegó el dolor, lo esperaba, pero soltó una exclamación ahogada por la penetrante intensidad; no se parecía a ningún dolor que hubiera experimentado en su vida. Po la besó y se detuvo; y se habría detenido del todo, pero Katsa rio y le dijo que por una vez iba a permitirle que le hiciera daño y la hiciera sangrar por su contacto. Él sonrió, hundiéndole el rostro en el hueco del cuello, y volvió a besarla. Se movió a su compás a pesar del dolor, un dolor que se transformó en un calor que aumentaba más y más y la dejaba sin respiración. Y que provocó que la respiración, el dolor y la mente la abandonaran, de manera que sólo quedaron su cuerpo y el de Po. Y la luz y el fuego que encendieron entre ambos.» (pp. 206-207)
Solo por si no os habéis enterado: ¿sabéis que la primera vez DUELE? Porque a todas las mujeres les duele muchísimo pero al final del acto se convierte en algo celestial. Mucho dolor pero poca descripción de la presión, de lo que la incita a tener sexo o todo excepto el DOLOR. Porque, por una parte, una mujer no describe nada carnal y por otra nos tiene que quedar claro que la virgen SUFRE para acceder a esa maravilla. Porque por supuesto no es sexo si no hay penetración.

¿Y os habéis fijado en que ella haga algo? ¿Apretarle el culo? ¿Tocarle la espalda —y aquí ni eso—? No, solo dolor y luego placer. Todo pasivo porque no se espera nada más de una señorita. Ajá.

¿Qué tiene de malo poner a una mujer que al ver a un joven con espalda bonita, o medio desnudo, se imagina cosas y se excita? Tiene de malo que el narrador siempre pone una imagen así para que acto seguido la joven le dé el poder al hombre: imagina cómo se la lleva a la cama, cómo sus fuertes manos la sujetan —decidme que NUNCA habéis leído una voz así—. Y perdón para las sumisas —que de todas formas dominan la literatura y no estaría mal que empezaran a dejar de saturar— pero me gustaría leer a alguna mujer que simplemente ve a un chico y dice: «dios santo, mira qué culo, mira qué abdominales, mira qué labios. Quiero besarlo, quiero tocarlo, me encantaría hacerle sentir bien». O que diga «qué piernas, madre del amor hermoso» y luego pasa de ello y no le da más vueltas porque puedes ver a un hombre bonito por la calle y ser feliz con eso.

[Cuando encontré esto por internet creo que empecé a llorar porque es la primera vez que veo un trabajo no homosexual que se centra en el cuerpo del chico.]
Porque no todo es sumisión en este mundo. Aunque no sé de qué me quejo. ¿Cuántas escenas de sexo fuera de lo erótico habéis leído desde el punto de vista de una mujer que no se resuma en «fue maravilloso» o «dolió mucho y la hizo sentir fatal»? Oh, bueno… Entramos en el tema de los eufemismos y en el describir cómo el hombre lo hace todo. Pero de puntillas. No vayamos a ofender a las lectoras diciendo «pene».

Hay que utilizar eufemismos como sea, para no ensuciar las mentes de las mujeres que leen esto, como en Espía de Dios, entre Fowler y Dicanti:

«Ambos se pusieron en pie. Él la besó, tierno y firme, y ella le aceptó como era, con todas sus cicatrices. La angustia de ella se diluyó en el dolor de él, y durante unas horas descubrieron juntos la felicidad» (p. 350).
En resumen: la literatura tiende a unir ideas preconcebidas por los hombres. Las mujeres no saben nada, ergo no pueden hacer nada en la cama. Las mujeres empiezan puras y son mancilladas con el tiempo. Las mujeres están en constante peligro porque no saben defenderse ni tienen idea de cómo es el mundo. Si tienen experiencia suele dar igual porque siempre nos enfocaremos en cosificar su cuerpo y describir lo bien que se siente aunque no se hable de zonas erógenas como el clítoris. Que sí, que hay más, pero parece que los escritores se olviden de ese punto concreto como no sea para decir que la chica no tenía ni idea de su existencia. Habrá excepciones. Son escasas. Que no sepan llevar al extremo o tratar de la forma más efectiva su propio placer es otro tema. Cada persona es un mundo.

A lo que voy al final es: ¿son las mujeres tan ignorantes que no tienen ninguna clase de conocimiento sobre sus cuerpos, sobre lo que les espera, sobre la sociedad en la que viven? Seguro que en alguna ocasión habéis encontrado el pasaje de un libro donde una madre atareada diciéndole bruscamente a su hija cómo debe engañar al marido cuando no haya sangre en la manta. Puede que os hayáis topado con consejos superficiales contados a la lumbre de un fuego o en una cocina entre cuchicheos. Incluso es posible que hayáis dado con esas pocas conversaciones de amigas que giran alrededor del pene del vecino.

En general, sin embargo, si una madre habla lo hará como represora. «¡No vayas así por la calle, niña!». Y eso está bien, porque existe y a muchas mujeres les ha sucedido. Por suerte, puede haber más cosas. Debe haber más cosas porque si no, perpetuamos ideas repugnantes que aíslan a las mujeres y las siguen convirtiendo en objetos de placer que ni siquiera saben cómo funciona su propio cuerpo.

Y eso a pesar de que las mujeres siempre han sido muy conscientes de sus cuerpos, porque es el arma que tenían junto a su inteligencia. En la mayoría de las culturas, el cuidado del cuerpo era esencial para una mujer. Controlar el olor corporal, la regla, la piel, el aliento, el cabello, el tipo de ropa. ¿Cómo se puede caer en la trampa de creer que una mujer no sabe lo que hace o no aprende de las demás? En serio, hay contradicciones que van más allá de mi comprensión.

Da igual que sea fantasía, ciencia ficción o realismo. El día que encuentre relaciones entre mujeres de ayuda, de conocimiento, de picaresca y deseo sexual me daré con un canto en los dientes.

La literatura me ha enseñado que una mujer no desea activamente a un hombre, sino que ansía que este la posea, la abrace y la desee a ella. Al final no son más que el receptáculo que tanto exige la sociedad y que ahora se puede plasmar en literatura: el receptáculo, un pedazo de carne que se excita ante la presencia masculina y que, por tanto, multiplica la virilidad de los hombres.

Ojalá hubiera personajes femeninos heterosexuales (y homosexuales y de diversas sexualidades también, pero aquí el problema es predominantemente heterosexual) no tan ignorantes, que desearan a los hombres de una forma menos pasiva. Ojalá se rompiera el cliché de la mujer como «amada» y el hombre como «amante» y hubiera más mezcla, más versiones, más realismo. Más sueños donde el objetivo no sea complacer al lector masculino, sino dar algo de poder a la mujer al menos en sus propias fantasías. Más versiones donde podamos ver al hombre como algo digno de ser amado y querido y no solo como el hacedor de sexo sin ninguna vulnerabilidad.

Pero la cultura sexual de las mujeres no existe como no sea para servir al hombre. Y eso se tiene que cambiar.




Links a las imágenes:

http://humon.deviantart.com/art/Jane-Bond-339550554
El manhwa erótico se llama Sadistic Beauty, por si alguno es aficionado al femdom ;)

16 comentarios:

  1. Bendito post. Qué de cosas aprendo en este blog.

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    1. ¡Muchas gracias, Rocío! Lo mismo digo con respecto a tu blog en general, jeje. Me alegra muchísimo que esta entrada te haya interesado/servido.

      Atte. Rika~

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  2. Madre mía. Me encanta este tipo de post porque me hace tener más ojo crítico con lo que leo. Tras leer una entrada aquí y en Cuervo fúnebre me dio por releer el Nombre del viento y me quedé bastante sorprendida con los personajes femeninos.

    <> En "El símbolo de cobre" pasa eso(creo, hace años que lo leí) y en "El último judío" el personaje femenino "X" pasa por lo mismo, hasta que llega el personaje "y" que sólo se fija en ella porque físicamente es muy parecida a un antiguo amor del personaje "y".
    En fin, que muy interesante el post!
    Un saludo!!

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    1. ¡Hola Ilea, muchas gracias por visitar la mazmorra y comentar!
      Creo que sé a qué entrada te refieres de Cuervo (y a sus geniales comentarios) y la verdad es que aunque la leí después de sacar mi reseña, también me dieron ganas de releer. Pero no quería torturarme en temas de mujeres (?). Me alegra que nuestra entrada también te sirviera~~
      Los escritores tienen la tendencia a aprender (y copiarse, lo que es normal, pero a menudo ahí se quedan) unos de otros y así siempre vemos la misma fórmula una y otra vez y es agotador comprobar hasta qué punto se reduce a las mujeres y su sexualidad... Pero me apunto qué libros no leer en caso de que quiera encontrar buenas situaciones con personajes femeninos.

      De nuevo, muchas gracias por pasarte y comentar. Y, sobre todo, me alegra que el artículo haya servido de algo a nivel general. ¡A ver si cae alguno más!

      Atte. Rika~

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  3. Gran artículo. Es un buen, y triste, ejemplo de cómo de asumido está el machismo a nivel inconsciente. Es una fantasía masculina que mezcla cosificación y a la vez sustenta la dominación masculina a través de roles desiguales: el hombre es el que tiene la experiencia y por tanto enseña, mientras que la mujer aprende y calla. Por eso no hay a penas cosificación masculina fuera del yaoi, porque la única forma de que un hombre pierda esa posición de poder y pase a ser objeto es si es sometido por otro hombre. El machismo está tan asumido que incosncientemente la gente se resiste a concebir que un hombre pueda ser cosificado por una mujer. Personalmente creo que si el yaoi tiene tantísimo éxito entre la población femenina se debe a esto: a ellas también les gusta desear a los hombres y no sólo ser deseadas, pero como el machismo inconsciente les dificulta sentirse cómodas poniendo a una mujer a llevar las riendas, pues metemos a otro hombre y listo; que además da doble excusa para hacer fanservice masculino, algo que es bastante difícil de encontrar. Combo ideal para vender.

    Es irónico porque si acabar con este machismo interiorizado es tan difícil es justamente porque las mujeres sí que tenemos conocimiento sexual, pero nos llega a través de ejemplos como los que has puesto, que son el conocimiento que hay al alcance común a menos que te dediques seriamente a estudiar el tema. Así que la gente asume falacias y las reproduce y al final es algo que se retroalimenta. Por ejemplo, yo he visto en infinidad novelas rosas cutres que hablan de que al penetrar el hombre se encuentra con el himen cuando ya lleva un cacho de pene metido. ¿Perdona? El himen está en la ENTRADA de la vagina, no por ahí en medio. Además lo que les duele es la ruptura cuando el himen está inervado y, a menos que fueran un caso especial de himen ultra rígido y duro, no se siente nada al romperlo.

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    1. ¡Hola Selenita!

      Espera, espera *agita la varita y limpia todo un poco, que está muy poco decente tras el Nanowrimo*. Ya está, ahora podemos charlar un rato, que siempre tocas unos temas... Y encima sacas yaoi, oyoyoy *se frota las manos*.

      Tengo que pasarte un artículo sobre cómo el yaoi en el fondo no hace más que reproducir los roles de género en hombres, lo cual permite a las mujeres escapar de la cosificación y poner a un chico en su lugar. Vamos, básicamente lo que has comentado. Pero en particular coincide en lo que dices: que la "sumisión" (porque reproduce roles de género) la tiene que causar un hombre. No por nada los yuri suelen ser más "etéreos" e ignorar el contacto físico buscando relaciones más "puras" de sentimientos. Porque normalmente los escriben mujeres... y porque el sexo se relaciona con algo masculino.

      Y yo puede que no empezara a leer yaoi porque quería ver a hombres gimoteando (aunque luego se convirtiera en un motivo de peso) pero al menos es uno de mis motivos. Aparte de que hay historias buenas (pocas, como en todos lados, pero las hay. Algunas incluso incluyen sexo como parte justificada de su trama) pero sí, el yaoi es una fantasía "contra" los hombres y por eso a muchos señores les produce tanto rechazo. A nadie le hace gracia ver cómo cosifican a su propio género cuando lo ve como una cosificación, cosa que no solemos hacer las mujeres porque es el pan de cada día. Recuerdo que una amiga no especial fan del yaoi a veces me pedía para series cortas para leer (o si eran largas se iba directamente al sexo) y me rechazaba los que estaban censurados: "Quiero ver el cuerpo del hombre, si no sale me voy a leer un shojo". En ese momento no me di cuenta pero básicamente es lo que dices. A los hombres no se los sexualiza de forma que no sea para hacerles sentir bien a ellos con su poder. El yaoi es una salida como cualquier otra para la población femenina (además suele estar escrito por mujeres; el bara es el sexo homosexual que se suele dirigir a hombres. Lo encuentro un poco desagradable pero cada uno con sus gustos (?)), sip. Y me alegra que exista, sin él no habría aprendido muchas cosas, tanto buenas como malas. Como que está fatal violar a hombres o imponerles un estereotipo de género tanto como a las mujeres. Ains.

      Volviendo al cuerpo en general, por eso lloro con Sadistic Beauty. El enfoque siempre es el cuerpo de los hombres de la historia y como el dibujo es más que aceptable... Da gusto ver a una mujer con poder. Además, algo que me dejó de piedra fue que ella es pechugona. Pero no al estilo pechos globo de anime. Es pechugona de verdad, el pecho se le cae un poco y la que la ropa es realista: está preciosa, pero es que queda ANCHA y no se amolda a su cuerpo porque, bueno, tiene mucho pecho. Es tan raro ver eso...

      Y sobre el himen, reconozco que no he leído muchas escenas de ruptura, pero sí del "ha sangrado, ya no es virgen". Lo que duele es la penetración en sí, si ya cuesta meter un tampax la primera vez, es que hay que imaginar un pene. Y luego está la típica escena de que el hombre no puede controlar más las caderas y venga a embestir. Pero no, según el conocimiento general, lo que duele es el himen porque deja una prueba que hace que los hombres tengan una victoria que colgar en la pared: he desvirgado a una mujer.

      Ugh.

      Luego dices que tú te enrollas, mírame a mi. Te dejo pegarme (?).

      Atte. Rika~

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  4. Un artículo interesantísimo. A partir de ahora, voy a leer con otros ojos y a escribir con el doble de cuidado. No es lo que a mí me guste leer o no en realidad, se trata de lo que quiero transmitir. Porque claro, aunque sea ficción, cada vez que nos leen, la gente se queda con ideas que luego se llevan a la vida real, y está en nuestra mano decidir qué ideas queremos que sean.
    Un saludo y enhorabuena por la entrada :D

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    1. ¡Bienvenida a la mazmorra Raquel!
      ¡Me alegra mucho que te haya resultado interesante! Y todavía más que resulte de un poquito de ayuda para intentar eliminar esta forma de escribir. Porque sí, básicamente somos responsables de lo que transmitimos y lo que escribas influirá a otras personas. Que sea para bien <3.
      Gracias por leer y comentar :333 ¡Esperamos verte de nuevo por estos lares!

      Atte. Rika~

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  5. Nunca se puede saber lo suficiente de estos menesteres ni tener suficiente mirada crítica. Gran artículo :)

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    1. Muchísimas gracias don/ña Anónim@. ¡Un saludo desde la mazmorra! <3

      Atte. Rika~

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  6. Es una pasada de artículo, me ha encantado. Y gracias por compartir el manga Sadistic Beauty.
    Comparto tu opinión y espero que nos vayamos liberando cada vez más del machismo y deje de verse como algo normal, porque es la realidad, y la aceptan ellos y ellas. Por mi parte, que soy un hombre bisexual, me cuesta mucho encontrar vídeos o literatura o manga pornográfico de mi gusto porque no me pone nada el papel de la mujer, está casi todo basado en la imagen de la mujer que vienes comentando y es pésimo. Al final acabo consumiendo más contenido gay que heterosexual, pero es que el heterosexual me parece malísimo.

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    1. ¡Muchísimas gracias, Raj!

      Gracias por pasarte por la mazmorra, leer y dejar comentario. Y me alegra que te haya atraído el manga (bueno, manhwa porque es coreano), espero que te guste (aunque aviso de que tiene alguna escena fuerte que puede desagradar un poco. Pero en general <3).
      Y sí, los videos eróticos y el mundo pornográfico en general están dedicados a los hombres heterosexuales machistas. Eso o vas al femdom más radical, no hay realmente un término medio o es casi imposible de encontrar. Lo homosexual es una salida, pero en lo heterosexual hay que empezar a diversificar de una maldita vez. El porno en sí no es malo, pero los valores que transmite, sí.

      Atte. Rika~

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  7. Pedazo de entrada, muy bien argumentada. Es muy pedante ya el típico chico que le descubre el mundo del sexo a la chica, que es virgen e ingenua y... Mis dieces a todo lo que habéis dicho. Y gracias por la mención :)

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    1. Muchísimas gracias Dalayn <3.

      Nada, nada, las que tú tienes por haber escrito esa entrada. Me merezco un golpe por no haber empezado a mencionar artículos como el tuyo en otras cosas que he tratado.

      A ver si pronto surgen más autores menos pedantes y que se esfuercen un poco por crear mujeres y situaciones realistas...

      Atte. Rika~

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  8. Me ha gustado el artículo aunque te equivocas un poco al generalizar, en la época victoriana, por desgracia para ellas, las mujeres llegaban tan inocentes al matrimonio que muchas de ellas sufrian un shock en la noche de bodas del que incluso no llegaban a recuperarse, si ha habido sociedades tan restrictivas con la sexualidad de sus mujeres que estas padecian las consecuencias a nivel psicológico. Hay muchos articulos sobre este tema, muy relacionado con la "histeria" que se diagnosticaba entonces a muchas mujeres, debido precisamente a que ni sus madres ni otras mujeres las advertian, normalmente porque estaban igual de traumatizadas y porque estaban tan enclaustradas y vigiladas por lis hombres que no llegaban a tener relaciones normales con otras personas.
    Aunque esto no sucedía en la época medieval donde precisamente era muy fácil acceder a la información sexual, pero sociedades tan restrictivas al respecto como para destruir a las mujeres sometiendolas a una ignorancia total sobre el sexo, por desgracia sí han existido.

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    1. ¡Bienvenido a la mazmorra don/ña Anónim@!

      Creo que no has entendido hacia dónde va este artículo. No es una descripción de las sociedades para que la gente se informe. Es un ataque a una costumbre ignorante novelistas principalmente masculinos. Como ves, no he sacado ningún ejemplo de la época victoriana (como tampoco he traído a colación a las monjas, las sacerdotisas, el cuidado de la virginidad entre las monarquías y un largo etc) y si lo hubiera hecho probablemente habría mencionado que eso es típico de la alta sociedad y que, por suerte, hay muchos más tipos de mujeres sobre las que hablar en obras inspiradas en esta época. Evidentemente una reina no se comportaba igual que una campesina o una burguesa que una duquesa y eso pasa en todas las épocas. Podría sacar comportamientos de cada época y lugar para seguir protestando por la representación femenina universal alrededor del sexo y aun así la gente seguiría quejándose de que no he dicho X o Y. Así que sí, este artículo generaliza pero es completamente a propósito como ataque contra la concepción que se tiene de las mujeres y el sexo. He mencionado que hay excepciones que cumplen la regla y evidentemente si quieres tocar la época victoriana como algo tan tétrico y malo como era, pues adelante, es un tema fascinante (si se trata bien, cosa que no ocurre en el 99% de la literatura y se emplea solo como fetichismo de la inocencia de la mujer).

      ¡Un saludo y gracias por leer!

      Atte. Rika~

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