Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

viernes, 18 de marzo de 2016

De feminismo y personajes femeninos (II): La Mirada Masculina

¡Bienvenidos! Frederika a vuestro servicio.

¡Vamos a hablar de personajes femeninos en la literatura otra vez!

¡Mujeres, mujeres! Esas criaturas tan molestas que, si no las haces aparecer en tu obra, te dirán que eres un machista y, si las sacas, te dirán que las sexualizas y que nunca están conformes con nada. Qué irritantes. ¿Qué más les da que se represente a féminas entre los dieciséis y los treinta años —nunca de más edad, a menos que sean madres o ancianitas que haya que salvar— con las que el lector/espectador quiera acostarse?

Pues nos da. Y mucho. Al menos a algunas y algunos.

Hoy vamos a hablar de un tema que me resulta muy curioso y es el hecho de que las mujeres que aparecen en los libros, a menudo, no son personas, sino hembras o, peor aún, cosas. Hoy vamos a hablar de la Mirada Masculina.

¿Qué es una mirada masculina (male gaze en inglés)?

Esto:




Y esto:



Y, básicamente, cualquier plano/presentación que se enfoque más en el cuerpo erótico de la mujer —trasero, piernas, vientre, pecho, labios— que no muestre su cara o no se centre en ella como persona. 

¿Habéis visto Mad Max: Fury Road? Otra cosa no, pero la cámara hace un trabajo muy interesante.




Esta es la primera imagen que se nos ofrece de las Esposas, mujeres que escapan del control de su amo bajo la protección de Imperator Furiosa. Durante toda la película repiten que «no son cosas». Es más, la primera noticia que tenemos de ellas es que han escapado y han pintado toda su habitación con ese mensaje. La película, por tanto, nos está diciendo que no las tratemos como tal. Su primera escena, con todo, es la típica de un harén, con vestidos que dejan poco a la imaginación y nada menos que bañándose con agua. El plano no se centra en sus emociones sino en ellas como cuerpos sexys.


Horror, podríamos decir, pero no. Porque a partir de ese momento la cámara se centra en sus gestos, en sus expresiones. Hasta deja fuera de plano muchas veces los senos:





¿Veis? [L: Qué maravilloso es cuando te quieren mostrar la historia]

En cambio, existen trailers como Los Vengadores: la Era de Ultrón y vemos esto:




¿Y ese escote para un experimento que acaba de salir de un laboratorio y no debería estar muy a la moda ni buscar impresionar a ningún machito?



Viuda Negra casi no sale en el trailer y la imagen se enfoca en su figura y no en su rostro. Antes de que nadie salte a defender a Marvel, veamos el contraste que hace el trailer al mostrar directamente las caras de otros personajes masculinos:





[Capi: I love you


Iron Man: I know]

[L: SALSEO]

[G: ID A UN HOTEL]

Como vemos, Vengadores sexualiza a las mujeres. Es algo tan habitual que casi no nos damos ni cuenta, porque estamos acostumbrados a que absolutamente todo, desde anuncios a libros, esté hecho por y para hombres y sus gustos son los de las mujeres porque, al fin y al cabo, ellas quieren gustar a los tíos, ¿no? Que aprendan de las películas.

Pues ahora vamos a pasar a libros, donde uno diría que es más fácil construir a un personaje sin sexualizarlo ya que no hay imágenes que nos lleven inconscientemente a fijarnos más en sus tetas que en sus acciones o su cara.

¿De verdad pensáis eso?

Como lo tengo a mano, os voy a hablar de Hyperion, de Dan Simmons, un clásico de la ciencia-ficción moderna que cuenta la historia de siete peregrinos que van a enfrentarse al Alcaudón en un planeta llamado Hyperion donde existen unas Tumbas del Tiempo en las que el tiempo hace cosas extrañas y que pueden albergar horrores muy interesantes.

Antes de adentrarse a las mismas, los peregrinos nos cuentan su pasado a modo de los Cuentos de Canterbury, algunos en primera persona, otros en tercera, otros leen los diarios de personas importantes para ellos cuyas acciones los han llevado a esta peregrinación.

En los siete peregrinos solo hay una mujer (Brawne Lamia) y, por tanto, sólo tenemos una visión femenina. Independientemente de que la historia guste o no —a mí, personalmente, me gusta— es un fallo enorme y… Más porque su historia gira alrededor de un hombre, aunque se supone que Brawne es una mujer dura e independiente, como la gente le gusta tanto decir ahora de las mujeres que saben dar un puñetazo. ¿Significa eso que no hay más mujeres en Hyperion? Al contrario, en realidad casi todos los personajes hablan de alguna mujer pero, o bien esta muere, o bien no tiene verdadera relevancia para la situación actual del personaje más allá de formar parte de su pasado. Ahora voy a poneros ejemplos de cómo don Simmons nos presenta a sus mujeres y a ejemplificar cómo los autores suelen representar a los personajes de sexo femenino.

LAS TETAS ANDANTES


¡Tetas!

Dícese de la situación en la que un personaje se caracteriza porque la narración te dice que es mujer y tiene tetas. Podríamos decir que esta aclaración es importante, ya que hay mujeres que no tienen pechos, bien porque su cuerpo es masculino, bien porque simplemente llevan binders o porque, directamente, no tienen. El problema es que los autores suelen hacer tan absolutamente necesaria esa aclaración que, al final, lo que importa no es que sea mujer, sino las tetas.

Esto en un plano cinematográfico se representaría enseñando primero de todo los senos de una mujer, antes que su rostro. Así, en la primera narración de Hyperion, tenemos el diario de un sacerdote que ha caído presa de unas fiebres:

«Una mujer me cuida. Me baña. Demasiado enfermo para avergonzarme […] ella espera espía entra, la delgada camisa mojada por la lluvia a propósito para tentarme, sabe qué soy mi piel arde algodón delgado pezones oscuros» (p. 64)

La mujer luego resulta tener nombre y habla brevemente de ella, pero vaya, pezones [L: Nunca hay granos, manchas o lunares]. Veréis que es una constante en los libros. Me pregunto qué dirían los lectores masculinos si la Mirada Femenina no dejara de hablar de los culitos respingones o los pezones de los hombres.





EL CUERPO DEL DESEO



La segunda historia de Hyperion es la de Kassad, un soldado genocida. Comienza entrenando dentro de una realidad virtual que lo sitúa en el año 1415 d.C., en la batalla de Agincourt. Lucha contra un hombre y una mujer desconocida lo salva. ATENCIÓN R-18:

«Su salvador se desplomó junto a él. Ambos estaban cubiertos de sudor y de la sangre del muerto. Kassad advirtió que su salvador era una salvadora: una mujer alta, vestida con ropas similares a las suyas […]. Kassad pensó que quizá fuera la mujer más bella que había visto: una estructura ósea tan perfecta que la barbilla y los pómulos resultaban enérgicos sin ser afilados, grandes ojos que refulgían de vida e inteligencia, boca suave y carnosa. Tendido junto a ella, Kassad notó que era alta —no tanto como él, pero desde luego no era una mujer del siglo quince— e incluso bajo la túnica holgada y los pantalones bombachos percibía la blanda curva de las caderas y el busto. Parecía un poco mayor que él, quizá cerca de los treinta años [R: ojo al dato, aquí Kassad tiene alrededor de 20 años pero hay que resaltar que la distancia es «poca» no vayamos a pensar que es una vieja], pero Kassad no pensó en ello cuando la mujer le miró la cara con ojos suaves, cautivantes, profundos.

[…]

Kassad la ayudó a liberarlo del resto de su ropa y la desnudó en tres rápidos movimientos. Ella no llevaba nada bajo la camisa y los pantalones de paño tosco. Kassad le deslizó una mano entre los muslos y le aferró las nalgas, la atrajo hacia sí y acarició la entrepierna húmeda. […] Cuando Kassad abrió los ojos de nuevo, ella se movía despacio, la cabeza hacia atrás, los ojos cerrados. Kassad alzó las manos para acariciarle los pechos perfectos. Los pezones se le endurecieron contra las palmas.» (pp. 170-172)

En esta escena hay algo más de descripción que no he incluido porque no interesa. Lo que nos importa es que, nada más conocer a su salvadora, la matanza los pone cachondos a los dos y empiezan a tener sexo sin que ella haya abierto la boca ni una sola vez.

Lo que comienza como una idea interesante, ya que, aunque no desarrolla el rostro de la Salvadora de buenas a primeras, sí la compara consigo mismo y no la cosifica. A continuación se destacan los ojos, la inteligencia, la viveza. Luego caemos de lleno en la sexualización de su cuerpo: quitando detalles como que no tenemos ni idea de qué concepción tienen don Simmons o Kassad de un rostro (o unos pechos) perfectos, lo importante de ella no son sus expresiones, su nombre o que diga algo, sino sus muslos, su trasero, su entrepierna.

No es un sexo cercano o lleno de amor sino de pura lujuria. Por spoilers de la historia, esto no tiene sentido [SPOILER]ya que la Salvadora, aka Moneta, se ha encontrado varias veces con Kassad, al viajar ella desde el futuro al pasado, y, que sepamos, es su último encuentro. Resulta comprensible que no quiera hablar con él porque dolería que su amante no la reconociera, pero de ahí a centrarse exclusivamente en el sexo, en vez de buscar algo más íntimo con miradas o caricias del rostro refleja una sexualización muy pobre y una falta de comprensión del personaje[SPOILER] cuando todavía ni sabemos cómo es físicamente Kassad, excepto por la narración exterior de los peregrinos, muchos, muchos años después.

Durante la historia se encuentran varias veces y apenas hablan, se limitan a tener sexo salvaje. Ya que luego se nos vende su relación como una historia de amor, aparte de darme la risa floja, quiero resaltar que la Salvadora aparece presentada como el cuerpo del deseo, de la tentación, del sexo. Kassad desiste en preguntarle quién es y se enamora de ella a pesar de no saber quién es, de dónde viene, por qué le sigue y cómo se pueden encontrar en realidades virtuales o fuera de ellas.

Otro ejemplo sería La Espada de Fuego, de Javier Negrete, donde hay dos mujeres. Una no es importante y la otra sí. Veamos una descripción de la primera:

«Le llamó la atención un movimiento en el espejo. En él se reflejaba el lecho; Shayre, su concubina, ya estaba despierta y se había sentado con la espalda recostada contra un almohadón y la manta cubriéndole los pechos.

[…]

Kratos se volvió para verla mejor. Le pareció tan deseable como siempre, con el cabello negro y brillante, los ojos de almendra, aquellos labios carnosos que parecían otro rostro dentro de su rostro y todo lo demás que la manta ocultaba. Aún era joven y cuando se despertaba no había bolsas bajo sus párpados, y olía a pan horneado en vez de a leche agria.» (p. 27-28)

Un hombre mayor, al menos con cuarenta años, y una jovencita —horror, no permitamos que le salgan arrugas— y lo primero que vemos de ella son sus pechos. Me he saltado una diminuta conversación donde Kratos dice que confía en ella pero lo básico es que la primera mujer que vemos aparece en una cama, desnuda, se cubre los pechos (pero bien que lo señala la narración) y es joven. Por cierto, [SPOILER]el personaje muere a las pocas páginas[SPOILER].

¿Se os ocurre una cosificación más clara de una mujer?

¡Pues ánimo que no hemos terminado!




LA COMPAÑERA





En la cuarta historia de Hyperion hay dos mujeres importantes: la esposa de Sol Weintraub y su hija Rachel. Durante la mayor parte Sarai, su esposa, es una anciana y su hija, pues, claro, es su hija. Sería siniestro que nos la describiera físicamente centrándose en sus senos.

Pero centrémonos en lo que dice de su amada esposa:

«Sarai […] era una joven enérgica y feliz, que compensaba con personalidad lo que le faltaba según los cánones aceptados de belleza física [R: que damos por sentado que son los mismos que los nuestros, algo irónico más de trescientos años después de nuestro tiempo y cuando hay cientos de planetas habitados]; y en períodos posteriores de su vida conservó esa personalidad atractiva.

[…]

Para Sol fue amor a primera vista. Miró a aquella muchacha risueña y rubicunda, ignoró el lujoso vestido y las afectadas uñas estilo mandarín para apreciar la personalidad que llamaba como una señal al joven solitario.» (pp. 323-324)

Me gustaría señalar que Sarai apenas habla en esta historia ya que la narración se centra en Sol y su hija y en cómo lidiar con lo que pasa con la misma, pero se nos está diciendo que Sarai es más bien tirando a feúcha y que su personalidad es lo importante. Ya sabéis, eso de que al presentar a una amiga o un amigo, si no es guapo, dices que es simpático [L: No hay mejor ejemplo].

El caso es que es interesante tener un personaje que no es atractivo y que nos va a librar de las insufribles descripciones sexuales. El problema es cuando la esposa del protagonista no es personaje, como en este caso, sino Compañera con mayúscula. Ese es su cargo, su papel, y no saldrá de ahí excepto, por ejemplo, si es una Madre. En cualquier caso, la Compañera no suele tener una historia propia que se desarrolle durante la narración y su vida más allá de cuando gira alrededor de su marido no importa. Esto es lo que sucede con Sarai y con muchos otros personajes, desafortunadamente. Estoy segura de que si os ponéis a contar, no acabáis.


LA MIRADA VOYEUR




No hay manera más evidente de cosificar a una mujer que la mirada a distancia. Al distanciarnos la narración del personaje, viéndola a través de algo como una ventana o, por ejemplo, desde una multitud como vamos a señalar ahora, estás devorándola con los ojos sin su permiso. Es la Mirada Masculina que convierte a la mujer en decoración o, si queréis, en una estatua de culto. No piensas en ella como una persona, sino como en algo «bonito».

Como ejemplo os traigo la sexta historia de Hyperion, la de un chico llamado Merin que viaja a un planeta de descendientes de naturalistas que quisieron salvar a los delfines de la Vieja Tierra. Se nos narra, más o menos, el romance que vive con una nativa —Siri— a la que ve envejecer en cada encuentro ya que Merin vive en una nave que viaja de planeta en planeta a velocidad luz y, por tanto, se mantiene muy joven en contraste con Siri, que envejece de acuerdo a los años locales.

«Creo que Siri era un pájaro la primera vez que la vi. Llevaba una máscara con plumas brillantes. Cuando se la quitó para unirse a la contradanza, la luz de la antorcha realzó los profundos tintes rojizos de su cabello. Estaba agitada, las mejillas encendidas; incluso en la apiñada plaza distinguí el sorprendente verdor de sus ojos contrastando con el rubor estival de su rostro y su cabello.

[…]

El cuerpo de Siri siempre me asombraba. […] Pero lo que recuerdo es el cuerpo de Siri. Por alguna razón —timidez, años de separación— ella llevaba un traje de baño de dos piezas en los primeros días de nuestra permanencia en el Archipiélago y la suave blancura de los senos y el vientre no se había oscurecido para concordar con el resto del bronceado cuando tuve que marcharme de nuevo». (pp. 550-551)

No voy a entrar en detalles pero muchos de los encuentros entre Merin y Siri son sexuales o en situaciones que permiten describir el deslumbrante cuerpo de Siri a diferentes edades, bien sea tumbados en una playa, bien buceando bajo el mar.

Así pues, la primera imagen que tenemos de Siri es la de un pájaro. Es decir, lleva una máscara, no la vemos a ella sino a un animal. Merin la mira desde una multitud sin que ella se dé cuenta y lo hace con la suficiente fijeza para percatarse de su color de ojos o de cómo tiene las mejillas. A pesar de que la descripción se centra en su rostro, es una Mirada Voyeur bastante siniestra porque la historia no se desarrolla cronológicamente, sino que el narrador nos cuenta lo que le apetece, e inmediatamente después de esta presentación tenemos una escena donde se examina a Siri y Merin no recuerda su cara, que tanto se supone que destaca, sino su cuerpo. [L: Porque de cerca se ve más la cara que el cuerpo, entiendo]

Antes de continuar veamos la reacción que tiene Merin cuando ella ya tiene cierta edad y se avergüenza de su cuerpo:

«Yo estaba nervioso, intimidado por aquella enérgica forastera, pero fue Siri —la de espalda erguida y ojos orgullosos— quien volvió la cara hacia la pared para decir entre lágrimas: “Vete. Vete, Merin. No quiero que me veas. Soy una vieja de carnes flojas. Vete.”

Confieso que entonces me mostré brusco con ella. Le sujeté las muñecas con la mano izquierda —usando una fuerza que incluso a mí me sorprendió— y le rasgué la túnica de seda. Le besé los hombros, el cuello, las sombras de marcas de elásticos en el vientre tenso y la cicatriz que un accidente le había dejado en la pierna cuarenta años locales atrás. Le besé el cabello entrecano y las arrugas trazadas en mejillas otrora tersas. Le besé las lágrimas.» (pp. 551-552)

Muy bonito, muy violento y mucho asalto sexual cuando alguien te ha pedido que te vayas, Merin, pero lo importante es que, si os fijáis, estas descripciones se dan en tres páginas seguidas. ¿No os resulta curioso cómo trata Merin el cuerpo femenino? Su amante se está desmoronando frente a sus ojos y no le besa esos ojos que tanto le gustan (bueno, los párpados, nos entendemos), sino que va a por sus hombros y el cuello, en descenso hasta las piernas. Sólo entonces parece recordar que las zonas cariñosas e íntimas son el rostro y vuelve, primero a la cabeza, y luego a las mejillas. Parece casi el plano de una película erótica que deshumaniza al personaje.

Comentario aparte sería la falta de originalidad que tiene don Simmons al tratar la sexualización que hace Siri de sí misma igual que en los siglos XX-XXI, pero eso ya es un tema aparte.

Así que, en total, empezamos con una Siri joven donde se enfoca su rostro desde el punto de vista de idealización y de Mirada Voyeur, ya que Merin la ve desde lejos, bailando, mezclado entre la multitud. Pero bueno, al menos describe su rostro. Acto seguido, nos cuenta cómo era su cuerpecito de adolescente (16 años) y nos señala que era orgullosa —es la historia de una revolucionaria— y… Luego saltamos a que es vieja, de carnes flojas y que, aun así, puede despertarle instinto sexual al protagonista porque la quiere y todo eso.

Al final, Siri puede ser una revolucionaria, pero primero la vemos a distancia, luego como un objeto sexual y, más tarde, como una mujer entrada en años forzada por su pareja para demostrarle que sí, que la quiere a pesar de todo y la fuerza sexualmente para demostrárselo. De nuevo puedo traer a colación la Mirada Voyeur en La Espada de Fuego, donde los protagonistas rescata a una muchacha antes de que cierta tribu la sacrifique a un dios:

«[…] Le seguían cuatro encapuchados que llevaban a rastras a una mujer vestida con una túnica blanca […] Los encapuchados despojaron a la mujer de su túnica y la llevaron hasta el monolito. Allí la sujetaron a unas argollas, obligándola a cruzar los brazos por encima de la cabeza de modo que su desnudez quedaba expuesta a todas las miradas.» (pp. 115-116)

Por si no nos bastaba que el narrador nos haga testigo del vouyerismo de los protagonistas, nos resalta que también lo está haciendo una multitud entera.

«Tríane era un problema y un enigma para el que no tenían solución. […] Las ropas que Mikhon le había prestado caían holgadas sin revelar sus formas, pero Derguín la contemplaba embelesado y recordaba el cuerpo menudo que había recogido en sus brazos horas antes». (p. 133)

Si queréis un ejemplo de Mirada Masculina, es este. Derguín, un chaval de 19 años, no ve a una persona, ve a la doncella desnuda que rescató a pesar de que se supone que conviven durante un tiempo. Luego la narración nos deja claro que Tríane se insinúa siempre que puede a Derguín y que le gusta el control que tiene sobre los hombres pero siempre, claro, exponiéndose y yendo medio desnuda con sus pequeñas tetitas erguidas [L: Para asegurarle de que no ha cambiado la vista de la primera vez]. ¡Diantres, hay tantos clichés aquí que no sabía bien en qué parte debía meter la escena!


LA MIRADA NO-MASCULINA (QUE NO FEMENINA)
ES DECIR: LA MIRADA


A las mujeres entradas en años las ponemos con trajes rígidos
y solo apuntamos a su cara, ¡brrr!, nada de ir más abajo


No diré nada de la séptima historia para no hacer spoilers, así que hablaremos de la quinta para hacer un contraste interesante:

Es la de nuestro personaje femenino, Brawne Lamia, y sólo hay otra mujer en escena, la dirigente máxima de toda la Hegemonía de la humanidad, Meina Gladstone, que sale más bien tirando hacia el final:

«Meina Gladstone rodeó el escritorio para darme la mano y señalarme la silla. Resultaba extraño tenerla de nuevo ante mí después de verla tantos años por HTV: En persona era aún más imponente: el pelo corto parecía flotar en ondas blancas; las mejillas y el mentón eran prominentes, tan similares a los de Lincoln como aseguraban los expertos aficionados a la historia, pero los ojos grandes, tristes y castaños dominaban el semblante y daban la impresión de estar frente a una persona realmente original» (p. 499)

¿Veis la diferencia? Rostro, personalidad. Meina de por sí es un personaje tratado con bastante respeto —es el ser humano más poderoso de Hyperion— pero no deja de ser curioso que en ella no hay ninguna mirada masculina. ¿Quizás porque la narradora es una mujer heterosexual —insiste en decir que su hombre es muy bello pero no tiene nada de femenino y, bueno, Dan Simmons no introduce ningún personaje no-hetero— o porque Meina es casi una anciana? Lo único que sabemos de ella es que es alta y delgada y con eso nos basta para perfilarla y saber que tenemos que meterle la cara de Lincoln a un cuerpo femenino.

Por otro lado, vamos a ver un ejemplo de mirada corriente en contraposición con una Mirada Masculina en Canción de Hielo y Fuego: Juego de Tronos bastante interesante.




La primera mujer que aparece es Catelyn, una mujer entrada en años, noble y digna, que además narra desde su propio punto de vista. No sabemos cómo es físicamente, pero sí su historia, su culto, cómo se siente viviendo en Invernalia —y que está firmemente unida a su esposo, ya que gran parte del capítulo va de los problemas del mismo—. Se acaba el capítulo y no tenemos ninguna descripción física suya.




Acto seguido saltamos a la pequeña Daenerys. Lo primero que vemos es que su hermano le pide que toque un vestido y que, con él puesto, debe parecer una princesa, con muchas joyas y maquillaje. Luego averiguamos que tiene los ojos violeta y que tiene 13 años; se nos da una descripción de su hermano Viserys —«Era un joven flaco, con manos nerviosas y ojos color lila, siempre febriles»— que tiene el poder en la escena ya que es quien explica mientras que Daenerys se limita a hacer preguntas. Por último se nos da una clara, clarísima, Mirada Masculina porque la narración, supongo que a propósito, nos cosifica a Daenerys para señalarnos su posición de posesión sin derechos:

«[…] La examinó con gesto crítico—. Sigues igual de desgarbada. Enderézate. —Le empujó los hombros hacia atrás con las manos—. Que se enteren de que ya tienes formas de mujer. —Le rozó ligeramente los pechos incipientes y pellizcó un pezón». (p. 38).

Aparte de servir para contarnos la situación de Daenerys, se nos la sexualiza al describir los senos —maldita obsesión. ¡Y los pezones, por Medea!— incipientes. La escena pretende que nos compadezcamos de ella y nos pongamos de su lado porque no queremos ser testigos de algo tan repugnante como la sexualización de una niña pequeña. Es un movimiento inteligente aunque despreciable e innecesario.

A su favor diré, con todo, que en el capítulo de Arya conocemos a las niñas diferenciándolas por el tipo de puntadas que hacen, pero enseguida nos centramos en algo «bonito» (las manos de Sansa) y algo «feo» (las de Arya). La septa Mordane aparece descrita con un rostro huesudo y feo porque nos debe caer mal, pero que aprendemos antes en una descripción las habilidades de Sansa y luego que tiene el pelo y los pómulos de la madre, es decir, viene antes la relación emocional y la valoración de las habilidades de una persona que su físico.

Es decir, que la Mirada Masculina puede ser intencional para hacernos sentir incómodos, como en el caso de Daenerys (que es una menor, una niña) y no simplemente el reflejo de la mentalidad del autor. 




Creo que todo esto habla por sí solo pero quitando errores que puedan tener los libros mencionados, en el caso de Hyperion tenemos una novela de más de seiscientas páginas donde al menos cinco mujeres aparecen descritas, sin importar el protagonismo que tengan, como cosas. La única que se libra es Brawne Lamia al ser protagonista y narradora. Si no son objetos de deseo, como la mujer de Kassad con la que tendrá varios encuentros sexuales donde apenas sí intercambian palabra, son personajes secundarios que están a la sombra del narrador como Sarai. Lo que hagan después en la historia no tiene que ver con la Mirada Masculina así que no me importa su papel, me importa cómo se las presenta.

Hasta ahora hemos visto ejemplos de hombres mirando a mujeres, descritos por escritores, pero, por una parte, al menos don Simmons sabe poner un límite cuando utiliza a una mujer como narradora y sabe que no miraría a otra mujer de forma sexual o cosificadora (al menos si la narradora es heterosexual o la mujer que es observada es mayor).

Es decir, que, consciente o inconscientemente, marca la diferencia y humaniza a las mujeres cuando narra una mujer. No cuando lo hace un hombre.

Podríamos poner otros tantos ejemplos pero creo que con mencionar por encima es suficiente para no aburriros: en la afamada La Rueda del Tiempo, todas las mujeres, sin excepción, que aparecen son jóvenes, atractivas, delgadas y esbeltas. Hasta las magas sabias que aparecen tienen muchos años pero se mantienen jóvenes y, curiosamente, sólo hay un par que no corresponda al molde de elegante y guapa y, si se sale de este, es un personaje extravagante y que se usa más como alivio cómico.

Qué bien, todas delgaditas y jóvenes.
Y si no son jóvenes, como la pelirroja que parece Isabel I, pues…
¡Tetas!

Un ejemplo casi repugnante es el de la co-protagonista de Steelheart de Sanderson, donde el protagonista, en primera persona, se dedica a cosificarla una y otra vez. En las aventuras de Harry Dresden si no se añade un comentario sexual, como la forma del culo de la reina de las hadas, el narrador en primera persona no se queda tranquilo.

Pero bueno, hablamos mucho de hombres pero, ¿qué pasa con los libros escritos por mujeres y protagonizados por mujeres?


LA MIRADA MASCULINA DE LAS MUJERES

¿Qué? ¿Qué os pensáis que las mujeres no cosifican a sus personajes? No os preocupéis, os voy a demostrar que os equivocáis. 

Seguro que a algunos os suena Rosa Montero. En su novela, Historia del rey transparente, la protagonista es Leola, una joven que debe vestirse de caballero para sobrevivir en la Francia altomedieval. En principio no le gustan las mujeres y tiene varios escarceos con hombres, pero hay un par de mujeres interesantes a su alrededor. Una es su compañera de aventuras, Nynaeve, y otra una noble llamada Dhuoda que se encapricha de Leola.

¿Cómo ve ella a las mujeres? ¿Cómo nos presenta a sus mujeres doña Montero?

«La joven se acomoda con gesto displicente, sin hacer el menor caso a sus serviles anfitriones. Desde donde esto, que es un poco lejos, parece una mujer hermosísima. Tiene el pelo negro como la tinta, ondulado sobre la amplia frente y recogido en un rodete en la coronilla. Lleva un espléndido traje de brocado de color marfil que pone un resplandor de perlas sobre su cara, y su estrecha cintura está ceñida con un cinto de oro» (p. 107)

«Ahora estoy cerca, muy cerca de la Dama del vestido blanco, y efectivamente es la más hermosa que jamás he visto. Pero su sonrisa posee algo oscuro, inquietante». (p. 112)

Os adelanto que Dhuoda no habla ni interviene hasta varias páginas después. La situación es evidente: Leola está lejos y no puede hablar con ella, pero aun así nos dice claramente varias cosas. Que es hermosa —¿hermosa cómo? Solo nos describe su cabello y su ropa, además de su estrecha cintura— y que tiene algo inquietante en la sonrisa. Además, es joven. Más tarde se nos habla de su personalidad, de que es caprichosa y mimada pero culta e inteligente, además de seductora. Vamos, una femme fatale. Por si fuera poco, Dhuoda se imagina que Leola es una mujer y hace lo imposible por acostarse con ella porque, simplemente, se aburre. Tiene escenas donde se sexualiza a sí misma y Leola, curiosamente, la ve con ojos de hombre:

«—Pero ¿por qué haces todo esto?

—Ya te he dicho, me aburro. ¿Por qué participan en torneos los caballeros? ¿Por qué se divierten matando y dejándose matar?

Dhuoda hace un mohín de disgusto y se quita la tosca capa negra. Debajo lleva uno de sus deslumbrantes trajes albos, con el escote recamado de perlas. Sobre el pecho, prendida con un alfiler de oro, lleva una rosa también blanca, semejante a las que cultiva en el jardín.

[…]

Su piel es tan clara que parece de leche, aunque sus mejillas están hoy sonrosadas, tal vez por la carrera. Tiene el rostro carnoso, los labios abultados, una nariz menuda y unos ojos oscuros e inquietantes que me miran fijamente con mirada de loca. Dhuoda suspira, desabrocha su alfiler de oro, coge la rosa blanca de su pecho y hunde su nariz entre los pétalos con deleite» (pp. 146-147)

Dhuoda es una viuda y viste de blanco para simbolizar su virginidad, por lo que es muy representativo que hunda la cara en una rosa blanca. Después le dice a Leola que sabe que es mujer y se irrita cuando la protagonista se niega a acostarse con ella porque, bueno, no le van las mujeres. Aun así, la mirada que nos ha proporcionado Leola es muy superficial: empieza por su ropa elegante, sigue por la piel, sigue a las mejillas y los labios e ignora hasta prácticamente el final los ojos.

Dhuoda está hecha así a propósito y se contrapone con la rubicunda y fuerte Nynaeve, la bruja que acompaña a Leola:

«Es una mujer todavía joven, aunque debe tener diez o quince años más que yo. Conserva todos sus dientes, blancos y perfectos como los de los niños. Tiene el pelo rizado y rojizo, una mata de fuego bajo la luz del sol, y sus ojos brillan como piedras de río. Sin embargo, no es exactamente hermosa: posee una cara grande y fuerte, de huesos muy marcados, de nariz ancha y frente poderosa. Una cara simpática y un poco masculina en la que los ojos parecen muy pequeños. Toda ella es robusta: aunque es más baja que yo, abulta el doble». (p. 48)

También vemos cómo se insiste en romper el molde de la mujer bella —damos por sentado, solo con saber cómo es la cintura de Dhuoda, que se parecerá a nuestros cánones actuales de belleza— y se centra más en su cara y en su personalidad.

Triste, ¿no es cierto?


Calla, Elastigirl, que eso es precisamente lo que haces ToT

Puede que un libro pretenda ser igualitario con sus mujeres, pero lo que importa es cómo las presenta y cómo las contrapone a sus hombres. Por lo que podemos ver, la mayoría de los personajes femeninos son vistos exclusivamente como mujeres mientras viven en una edad reproductiva y todavía tienen los pechos altos y un buen trasero [L: En mis tiempos eran también importantes las caderas para asegurarse de que la moza no se moría en el parto. Ahora las caderas anchas es sinónimo de gordura]. Solo cuando traspasan el umbral de la menopausia tienen dos opciones: o salir de escena, siendo abuelas o madres que no tienen papel de mujer sino de Mentoras, o pueden coger el toro por los cuernos y por fin librarse de estereotipos de sexo y convertirse en personajes por derecho propio, solo que no las veremos cuidarse ni ser coquetas.

Hay excepciones, claro (ved Red y Red 2 si queréis saber de qué hablo).

Pero, en general, ver a una mujer madura orgullosa de su cuerpo o con amplias facultades físicas es muy extraño y lo más habitual es que se la intente quitar todo lo que se la identifique con algo femenino-joven.


Aprende de Victoria, Viuda Negra, ESTO es ser badass

Cuidado, no vayamos a dejar que se le vea el cuello

Es algo que me hace muchísima gracia porque los hombres no tienen problemas hasta muy entrados los sesenta en tener sexo o aparecer como modelos a seguir de la masculinidad absoluta.


Hello girls [G: Be my sugar daddy, Harrison]

¿Qué es lo que pasa aquí? Muy sencillo, en un ensayo, la autora Simone De Beauvoir dijo (preparaos para mis traducciones macarrónicas):

«Para un hombre, la transición de la sexualidad infantil a la madurez es relativamente simple: el placer erótico se cosifica, el deseo se dirige hacia otra persona en vez de centrarse en los lazos personales. La erección es la expresión de su necesidad; con su pene, manos, boca, con su cuerpo entero, un hombre alcanza a su pareja, pero él permanece como el centro de su actividad, convirtiéndose por completo en el sujeto como oposición al objeto que él percibe como un instrumento que manipular; él se proyecta a sí mismo hacia los demás sin perder su independencia, la carne femenina es para él una presa, y a través del proceso gana acceso a las cualidades que desea, como con cualquier otro objeto.»

Leemos siempre desde el punto de vista de los hombres, siempre por y para ellos, incluso cuando abrimos un libro con una protagonista femenina. Sucede mucho en el romance juvenil (YA= Young Adult) que lo importante es entrar dentro de los gustos del machito de turno.

Por ejemplo, Crepúsculo se ciñe muy bien la idea que doña De Beauvoir señala en su ensayo sobre cómo la sociedad exige que sea el amor de las mujeres:

«Ella elige desear tan ardientemente su esclavitud que le parece la expresión de su libertad; ella intentará elevarse sobre su situación como un objeto innecesario aceptando esa posición; a través de su carne, de sus sentimientos, su comportamiento, entronizará al hombre como su valor y realidad supremas; se reducirá a sí misma a la nada ante él. El amor se convierte, para ella, en una religión».

Esto lo podemos ver en frases que piensa la protagonista, Bella, como:

«Quería que Edward fuera el único… Era infantil, pero me gustaba la idea de que sus labios fueran lo último que sintiera. Incluso aunque era más vergonzoso, algo que nunca diría en voz alta, quería que su ponzoña envenenara mi cuerpo. Haría que le perteneciera de una forma cuantificable y tangible» (Eclipse, p. 288)

Bella no solo se cosifica a sí misma, sino que aspira a ser una propiedad. Podríamos decir que es todo culpa de ella, pero no tenemos más que pensar en cómo la trata Edward, recalcando una y otra vez el peligro que supone estar cerca de él y en que, en el fondo, la ve como algo que huele muy bien y que quiere cazar pero no debe hacerlo. Como ese postre que te mueres por probar o ese vino tan rico que guardas para una circunstancia especial.

En Internet se pueden encontrar fragmentos de Sol de Medianoche donde Edward piensa:

«Su aroma me golpeó como una bola de demolición, como un ariete. No existe una imagen lo suficiente violenta para explicar la fuerza de lo que me pasó en aquel momento. En ese instante, yo ni me acercaba al humano que una vez había sido; no quedaban trazos de humanidad en los que pudiera refugiarme. Yo era un depredador. Ella era mi presa. No existía nada más en el mundo excepto esa verdad.»

No hay una descripción de Bella en sí, sino de su aroma y su categoría como presa. Qué romántico y cosificador. [L: Me muero por ver el análisis de Green de Vida y Muerte sobre este tema para ver si lo mantiene así o no xD] [G: Ya viste XD]

Por supuesto, existen muchos otros ejemplos de cómo las mujeres imponen en sus obras la Mirada Masculina, bien a través de sus protagonistas femeninas, bien a través de diálogos y de sus hombres. Cincuenta sombras de Grey o After son claros ejemplos que no voy a citar porque sería perder el tiempo y un aburrimiento, ya que ambas siguen la estela de Crepúsculo y tienen tintes todavía más obsesivos porque ni siquiera pueden justificar el comportamiento de los protagonistas masculinos con el hecho de que sean vampiros y tengan que comer.

En definitiva, que esto se está alargando, la Mirada Masculina está en todos lados y es casi imposible sacudírsela de encima por cánones sociales o por mera comodidad. El sexo atrae tanto a hombres y a mujeres y es un referente que se utilizará en obras buenas o mediocres para asegurarse de que, al menos, algo enganchará al lector. Como estamos acostumbrados a la sexualización femenina, nadie se extrañará al ver esas escenas o, al contrario, se relajará porque dice «oh, esto me suena». Probablemente muchos asientan satisfechos y otras tomen nota para ver cómo deben describir a sus mujeres en sus propias historias porque son esas cosas las que triunfan.

Son cosas que debemos cambiar. No puedes simplemente escribir a tu personaje femenino, decir que es fuerte e independiente, y presentarlo como si no lo fuera. Hay que ver el trabajo que hace el escritor o la escritora y darse cuenta de lo que nos está mostrando en realidad.

Y, por supuesto, juzgar uno mismo… Con conocimiento de causa.

Esperemos que un día se empiece a poder considerar a las mujeres como algo más que el objeto de deseo de un hombre y que se tome conciencia de las cosas que, no es que sean políticamente incorrectas, es que están mal.




Ojalá os haya interesado este artículo. Cualquier crítica o tomatazo, lo recibiré encantada a menos que no tenga nada constructivo, en cuyo caso os lo haré rebotar contra la cara y osmaldeciréparasiempremuahahahaha.

Os añado los links a los artículos de los que he sacado los ejemplos de Mad Max y de Vengadores, además de un estudio en inglés de Crepúsculo y la mirada masculina (que incluye las citas de Beauvoir) y un video muy interesante sobre la Mirada Feminista:


Mad Max, Center Frame, and the Male Gaze

La Mirada Feminista

Link a las imágenes de La rueda del tiempo

10 comentarios:

  1. Pues qué voy a decir, estoy muy de acuerdo con todo. Si es que una vez que te pones las gafas violeta cambia ti visión del mundo y no hay marcha atrás. Lo malo es que estas me “estropean” demasiadas obras porque me molesta el machismo aunque sean buenas.

    Lo más triste es que muchos hombres (y mujeres) tienen esto tan metido en la cabeza como natural que ni entienden lo ofensivo que es. Ellos quieres mujeres con las que acostarse y ellas quieren la aprobación de los hombres aunque sea de manera inconsciente. En muchas historias hechas por mujeres, o aunque el objetivo fuera hacer a un buen personaje femenino cuya personalidad fuera lo más importante también se incide mucho más en la apariencia física de ellas y en cómo gustan a los chicos, cosa que no se hace cuando el prota es hombre. Y también está el hecho de que si el prota es hombre se le suele poder a una chica al final, como si fuera parte del triunfo, pero la relación con esta no es algo importante para la historia de él ni se suelen centrar en ella; en el caso de una mujer sí parece que es importantísimo que haya romance, como si por ser la historia de una mujer el romance ya no fuera un extra sino fundamental. Por ejemplo y por citar casos conocidos, en Harry Potter no hay mención a que Harry sea muy guapo a ojos de las mujeres, lo importante es su historia y personalidad; pero en Cazadores de Sombras sí se incide en que Clary es considerada hermosa y tiene a dos detrás. Y los libros tampoco se centran en la relación con Ginny, hasta el punto que la pobre no pinta nada; pero en Cazadores la relación con Jace y Simon sí es muy importante para Clary y uno de los pilares de la trama.

    Lo gracioso es que luego he tenido conversaciones con amigos que se quejaban de que somos las mujeres las que sexualizamos a los hombres porque en los libros supuestamente dirigidos al público femenino suele ser una chica normal a la que se rifan chicos siempre guapísimos, pero todo lo que vosotras habéis dicho no lo ven en absoluto como sexualizar ni cosificar a las mujeres. No deja de ser curioso que les llegue a “molestar” cuando son ellos los afectados y no vean, y hasta te lleguen a llamar exagerada y feminazi (me ha pasado) cuando señalas que eso es lo que aguantamos las mujeres casi todo el tiempo.

    Por favor, seguid haciendo entradas de estas que hace mucha falta. ¡Y feliz Semana Santa!

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    1. ¡Buenas!

      ¡Perdón por tardar tanto en contestar! Entre la Semana Santa y tonterías variadas no encontraba el momento.

      Ay, sí, el machismo está en todas partes. Por cosas así he roto hace nada con uno de mis escritores favoritos (hasta el momento intenté ignorar esa pega y luego ya no pude más). Y básicamente la diferencia entre historias "para chicos" y "para chicas" es la que dices; la de mujeres al enfocarse más en lo romántico que en la aventura, pues claro, tiene a hombres surgiendo como setas que son importantes para la protagonista porque te idealizan un romance tóxico. Las historias "para hombres" no tocan el romance más que como premio, justo lo que dices. Los dos son estereotipos horribles pero, sinceramente, prefiero las historias "para hombres" porque en muchas ocasiones, que no todas, al menos se saltan el odioso salseo romántico.

      Y oye, oye, dile a tus amigos que no saben lo que es sexualizar. Es decir, creo que en MI VIDA he visto... ¿a un hombre sexualizado en un libro? Porque da morbo, porque a los hombres no se los sexualiza, se los desnuda en todo caso para que se los admire. Pero no se los sexualiza porque, directamente, es algo que dicen que no gusta (vamos, les he mostrado imágenes de hombres sexualizados de verdad a mis amigas y dicen "ugh, no") Y sí, yo también he tenido discusiones de ese tipo y son... tan horribles, de eso que quieres sacarlos a patadas y punto.

      Muchas gracias por comentar y nos alegramos mucho de que te haya gustado el artículo 'w'

      ¡Un saludo!

      Atte. Rika.

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  2. Menudo articulazo. Voy a compartirlo y a guardarlo en mi tablero de Pinterest de escritura, porque me parece súper interesante y nunca me lo había planteado. Gracias!

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    1. ¡Bienvenida a la mazmorra!

      ¡Gracias a ti por leer, compartir y dejar comentario! Ya te lo comenté por twitter, pero me alegra que te haya ofrecido algo nuevo. Es duro darse cuenta de estas cosas, pero también es muy importante superarlas~

      Atte. Rika~

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  3. Es una pena tanto Cherry Picking. No quiero decir que no tengas razón. Pero esta es la conclusión que has querido sacar: "Esperemos que un día se empiece a poder considerar a las mujeres como algo más que el objeto de deseo de un hombre y que se tome conciencia de las cosas que, no es que sean políticamente incorrectas, es que están mal."

    Y de ahí tu sesgo cognitivo al elegir ejemplos. Se podría escribir artículos enteros con ejemplos totalmente contrarios, y acabaríamos igual que con este. Y ese es el problema que provoca que tanta gente se ponga a la defensiva con este tipo de análisis. Las falacias de cherry picking y los sesgos cognitivos.

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    1. ¡Hola don Anónimo! Gracias por pasarte por nuestra mazmorra~

      Mi sesgo cognitivo puede tener que ver (o no) con los ejemplos escogidos para este artículo, pero me parece que estos no son una mala elección precisamente porque sirven para tratar la Mirada Masculina y hacer que la gente se dé cuenta de cuándo es Mirada Masculina y cuándo no. Desde luego existirán libros que no cosifiquen a las mujeres, pero son poco habituales. En general, una vez se mete sexo en un libro, este está dedicado para los hombres (desde el punto de vista de un narrador omnisciente o en primera persona masculino... O dedicado a un público en principio masculino. Escrito por un hombre) o a las mujeres acostumbradas a que se destaque de ellas lo que le gusta a los hombres (como señalo en la parte de las mujeres que usan la Mirada Masculina). No sé hasta dónde señalar eso es una falacia o no. Si tienes ejemplos de libros que incluyan sexo de una forma u otra (evidentemente los libros de niños no van a describir de una forma sexual a una mujer, así que no cuentan) y no empleen la Mirada Masculina te suplico que me los señales, porque me muero por leerlos y disfrutar de una lectura no sexista. No digo que no existan pero, desgraciadamente, no suelo encontrármelos.

      Dicho esto, gracias de nuevo por comentar y esperamos verte de nuevo, siendo o no un Anónimo~

      Atte. Rika~

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  4. ¿Y si mi intención fuera escribir sobre un personaje machista? ¿O uno que se excite con facilidad? Me gustaría escuchar tu opinión respecto a esas perspectivas.
    Debo decirte que resulta perturbador que hayas citado a Crepúsculo, una saga que vende por su eterna tensión sexual, y que, leyendo los pensamientos de Bella bajo una perspectiva más sexualmente abierta, parece la de una chica que ha idealizado a su amor, queriendo perder la virginidad solo con el («Quería que él fuera el único»). Pero lo que verdaderamente da miedo y asco es «quería que su ponzoña envenenara mi cuerpo. Haría que le perteneciera de una forma cuantificable y tangible». Es incluso horrible dentro del propio universo de los libros, ya que (o al menos eso leí en la wiki) TODOS los fluidos de un vampiro son ponzoña, incluyendo el semen. Realmente esto de la Mirada Masculina no me preocupa, pero lo que dijiste respecto a Crepúsculo es sencillamente perturbador. Es lo que diría una esclava sexual a la que han condicionado para aceptar el abuso de sula amo.

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    1. Bienvenido a la Mazmorra, Gustavo o/
      Pueees... Es lo que se hace siempre, así que, ¿adelante? Tienes prácticamente toda la literatura como ejemplo para escribir sobre personajes masculinos y femeninos machistas, no creo que cueste mucho hacer uno más. Lo que no sé es si quieres hacer una historia con un personaje machista donde se enseñe que está equivocado o es un cabrón. En ese caso puedes escribir sobre la perspectiva de un personaje no machista viendo a este hacer sus mierdas o recurrir a novelas como La maldición de Chalion u otras donde las mujeres sean algo más que objetos sexuales y plasmarlas como tal. O los hombres, claro, porque ser machista no te impide ser gay. No sé realmente qué quieres escribir o si solo es lo que se suele decir para justificar la presentación de personajes sexualizados.

      Por otra parte, no entiendo cuál es el problema, si el citar a Crepúsculo o que te da mal rollo. En cualquier caso es una clara representación del sexismo y machismo de la autora y esa idea de sumisión es muy, muy habitual en todo el machismo.

      Si no te preocupa la Mirada Masculina, bien por ti. Eres uno más de el 99% de la población inconscientemente machista o que lo es a propósito ;3

      Atte. Rika~

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  5. Me confundo, le molesta que describan a las mujeres de forma sexual, pero también que no las describan... Ademas no lo veo como machismo, porque no es acaso algo normal tanto para hombres y mujeres pensar así o describir a su genero opuesto de esa forma?...No niego que el tema sobre la mirada masculina este bien tratado, pero es algo bastante normal en la sociedad, o en realidad esperas que un amor sólo se base en los sentimientos, o que se le quiera a una por sólo lo que es? ... El físico y la apariencia siempre ha influido bastante, veo una opinión desde un sólo lado....

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    1. ¡Hola don Anónimo!

      Claro que no lo ves como machismo, te han enseñado a verlo como algo completamente normal. Y creo que deberías releer el artículo y ver las diferencias: se describe a las mujeres como un pedazo de carne, mientras que a los hombres se los humaniza empezando por la cara. Eso es machismo. Siempre se ha visto desde un lado, así que cuando ahora empezamos a criticarlo, por supuesto que va a haber lloros y a decir "eso es mentira", pero no te preocupes, lo estábamos esperando. La mirada machista es un mal que hay que quitar porque, como comentas, se ha normalizado y nadie merece ser tratado como carne o un objeto sexual.

      Y, sorpresa, sí, un amor puede ser únicamente sentimientos. Aunque no pudo eso. Pido respeto, que es diferente.

      Y, de verdad, la que está confundida soy yo. Es como si no asumieras que se puede describir a las mujeres sin centrarse en su sexo. ¿Por qué será? Quizás deberías replantearte más tu forma de pensar en vez de venir a decir que la que presenta mensajes contradictorios soy yo.

      Un saludo.

      Atte. Rika~

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