Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

sábado, 28 de enero de 2017

Hielo y Fuego. Tras los versos de la Canción (I)



¡Bienvenidos! Frederika a vuestro servicio. Esta es la primera entrada en la que estudiaremos (a medida que avancemos en más profundidad) cómo nos presenta Martin el mundo de Canción de Hielo y Fuego. ¿Qué personajes saca antes, por qué? ¿Cuenta demasiadas cosas, hay un número excesivo de nombres? ¿Qué pasa con la magia? ¿Y con toda la trama política? A lo mejor aprendemos cosas por el camino, tanto las que deberíamos aspirar a hacer como las que no. 

Por ejemplo, sin ir más lejos, no me gusta el prólogo de Juego de Tronos [L: +1]. Pero eso no significa que no haya temas interesantes que podamos pasar por alto.
Estos ensayos tendrán SPOILERS de este libro y puede que referencias a los siguientes, así que si no has leído el libro, adéntrate por tu cuenta y riesgo.

¡Sin más dilación, empezamos!








PRÓLOGO


Si algo hay que resaltar es que, aunque tendamos a olvidarnos, yo la primera, de que la magia es algo importante en Canción de Hielo y Fuego es cómo empieza el libro. Los protagonistas no son reyes, ni tampoco políticos. Son hombres de la Guardia de la Noche, demasiado tontos o asustados para creer en las viejas leyendas o en sus propios instintos. Y así es como los lectores nos pasamos sentados esperando, libro tras libro, a que los Otros se dignen a hacer algo.

Porque lo harán y nadie va a estar preparado.

Hay varios conceptos relativamente importantes en las dos primeras páginas de esta historia, si bien no cobrarán fuerza hasta el segundo libro: los salvajes están muertos (o no ausentes, porque han huido), la Guardia de la Noche no cree en cuentos de hadas y existe un Muro con mayúscula del que los personajes se están alejando y eso es peligroso. También está el tema de la noche, la oscuridad y el frío: es decir, el Invierno. Y las criaturas que observan en silencio:
Durante toda la jornada, Will se había sentido observado, vigilado por algo frío e implacable que no le deseaba nada bueno. Gared también lo había percibido. No había nada que Will deseara más que cabalgar a toda velocidad hacia la seguridad que le ofrecía el muro, pero no era un sentimiento que pudiera compartir con un comandante. [Prólogo, p. 14]
Averiguamos que esta gente está condenada a la Guardia de la Noche, sin importar su procedencia, por crímenes como asesinato, violación, y otros tantos. Resulta descorazonador saber que los que se van a enfrentar a una amenaza que se intuye y se espera (casi es demasiado obvio que va a pasar algo malo) son de la peor calaña. Es una forma de decir a gritos que este no es un libro de épica caballeresca. 
Will, cuyo punto de vista seguimos, es un cazador furtivo mientras que su comandante Waymar Royce, joven y atractivo, pertenece a una antigua casa. Y ambos han acabado donde están por romper la ley de una forma u otra; lo importante, con todo, es que se señala que los despojos van al Muro, quieran o no, porque Royce es uno más de muchos hermanos. Podemos imaginar cómo es la Guardia de la Noche a pesar de su pomposo nombre. 
Martin, a la vez,  va dejando caer nombres que los menos expertos intentarán memorizar y que en realidad sirve más que nada para tocar un platillo y señalar que hay worldbuilding detrás, que es un mundo muy politizado y que te vayas yendo si no vas a poder con dosis de lore como estas.
Una vez sabemos todo esto, tenemos que entender qué hacen los personajes al norte del Muro si es tan peligroso. Personalmente veo un poco trillado eso de vuelve a contarme lo que has visto. Con todo detalle. No te dejes nada (p. 15) que es una forma un poco cutre de explicar todo al lector sin necesidad de hacer resumen. Es aquí donde se ve que Martin tira más para guionista que novelista: porque sus personajes nunca se quedan sin aliento y porque antepone exageradamente los diálogos. Gustos personales aparte, claro. Habrá quienes lo prefieran así.

El caso es que Will ha encontrado a ocho mujeres y hombres salvajes muertos en circunstancias extrañas. Rápidamente se descarta —como si fuera la primera conversación que tienen sobre ello en vez de una nueva repetición— la teoría de que la causa fuera la congelación porque el Muro «llora» cuando no hace tanto frío. Así pues, seguimos en ascuas. Y, ¡surprise!, cuando llegan al lugar donde deberían estar los cadáveres, estos han desaparecido. Will nota que algo va mal, un silencio anormal, y presenta a ese gran misterio de la historia:
Los Otros no hacían ruido (p. 20)
Llamarlos los Otros es una forma interesante de decirnos que no tienen nada que ver con los humanos. Podríamos pensar que son salvajes, pero a estos se los ha presentado antes. Así que es una buena forma de deshumanización. Además, vienen acompañados de un frío intenso y una sensación sobrenatural que paraliza, hasta cierto punto, a sus víctimas porque producen el miedo de lo desconocido. Es difícil saber a estas alturas si es cosa de magia o simplemente la situación:

Una sombra surgió de la oscuridad del bosque. Se alzó ante Royce. Era alta, tan dura y flaca como los huesos viejos, con carne pálida como la leche. Su armadura parecía cambiar de color cada vez que se movía; en un momento dado era blanca como la nieve recién caída, al siguiente negra como las sombras, o salpicada del oscuro verde grisáceo de los árboles. Con cada paso que daba, los juegos de luces y sombras danzaban como la luz de la luna sobre el agua (p. 20)

Releyendo estos libros me he dado cuenta de lo mucho que abusa Martin de los símiles pero bueno, no hacen daño. La descripción de la armadura y la espada del Otro viene a continuación y me llama la atención porque casi están burlándose de los caballeros de cuentos de hadas: Will y Garden son dos plebeyos y Royce no es más que un niño demasiado engalanado y cruel que ni sabe que una espada adornada no sirve de mucho en un bosque. En cambio, la alta criatura que aparece ante ellos sería digna de un caballero si no fuera porque claramente es un monstruo o algo que no debería existir.
Will le vio los ojos; azules, más oscuros y más azules que ningún ojo humano, de un azul que ardía como el hielo. […] El Otro dijo algo en un idioma que Will no conocía; la voz era como el crujido del hielo de un lago invernal, y las palabras sonaban burlonas. (p. 21)


Royce se enfrenta como puede al Otro, lo cual me resulta curioso porque hasta cierto punto resta poder a este nuevo enemigo. A pesar de que aparecen varios más, se quedan mirando y no actúan hasta que la espada de Royce estalla y entonces lo acuchillan entre todos.
Las espadas se alzaron y descendieron en un silencio sepulcral. Fue una carnicería sin ira. Las hojas traslúcidas hendían la cota de malla como si fuera seda. Will cerró los ojos. Bajo él, sonaban voces y risas agudas como carámbanos. (p. 21)
Muy Nazgul todo. Los Otros parecen ser criaturas inhumanas, pero la imagen se rompe un poco cuando un chaval de 18 años es capaz de enfrentarse a uno y luego les oímos reír a pesar de que se afirma que no existen sentimientos como la «ira». Evidentemente están jugando con él, pero al menos desconocemos el propósito. Eso todavía consigue volverlos escalofriantes, porque al Otro no hay que entenderlo. A estas alturas de la historia y sin leer ninguna entrevista, claro, es difícil formarse una imagen de ellos excepto que están muy relacionados con el Hielo, que parece formar parte de ellos, de sus armaduras y sus armas.

Y, por supuesto, que son criaturas «folklóricas» conocidas. El prólogo termina con Royce levantándose —y aclarándonos de esta forma qué ha pasado con los cadáveres. Aunque, como comenta que había una mujer en un árbol muy inmóvil y que en sí no había sangre en ningún sitio con los salvajes, no termino de entender por qué a este muchacho lo convierten en un colador y a los otros no. Pero supongo que añade algo de misterio—, emitiendo un frío sobrenatural y…
El derecho estaba abierto. La pupila ardía con un brillo azul. Veía. (p. 22)
Aparte de que me saca de quicio que me digan que la pupila brilla y luego no lo pongan así en ninguna representación, este podría ser un buen principio. Pero que ya de joven, con los trece o catorce con los que empecé la novela, pensé que era una historia de zombies fríos y no me atrajo demasiado.

Es cierto que se pueden sacar detalles importantes de este prólogo y que la presentación de los Otros es un golpe de atención. Pero, personalmente, lo sigo viendo demasiado denso, demasiado obsesionado por detalles que restan ritmo a algo que debería dar miedo. Quizás si hubiera sido más breve o hubiera tenido más personajes me habría atrapado.

Sin embargo, es algo que en pantalla funciona de forma excelente, eso sí.



BRAN (I)


Es interesante que sea Bran a quien se elige para ser nuestro primer punto de vista de los Stark si pensamos en su relevancia en el libro. Uno habría pensado que sería más normal comenzar con Ned. Pero la historia de Juego de Tronos gira mucho alrededor de niños. En realidad, solo tenemos a tres narradores adultos: Ned, Catelyn y Tyrion —y a este su entorno no lo reconoce como tal y tiene que luchar constantemente contra prejuicios y comportamientos que lo reducen como persona—. El resto son todos niños. Son el verano que se acaba.

Así que comenzar presentando el mundo a partir de los ojos de un niño parece una opción muy inteligente, en especial si es uno tan pequeño como Bran. Ironías aparte de que lo primero que veamos sea una decapitación —poor Ned— por traición y que elimina a un testigo de una información muy clave para la historia —foreshadowiiiiing— sin que pueda o quiera dar estos datos, este primer capítulo plasma una idea caballeresca de los Stark. Son raros, son dignos, como las primeras líneas del capítulo.

El día había amanecido fresco y despejado, con un frío vivificante que señalaba el final del verano. Se pusieron en marcha con la aurora para ver la decapitación de un hombre. Era la primera vez que lo consideraban suficientemente mayor para acompañar a su padre y a sus hermanos a presentar la justicia de rey. Corría el noveno año de verano, y el séptimo de la vida de Bran. (Bran I, p. 23)

Y, claro, su pureza va a durar un tris porque Se Acerca el Invierno. Ya desde las primeras líneas se presenta un contraste de inocencia, porque Bran es demasiado pequeño, es un niño de verano, con crueldad. Se sientan las bases de Juego de Tronos: todo se corrompe, la inocencia no dura.

De paso, nos ametralla con información en muy poco espacio: el verano no es como el nuestro, dura años; los personajes son importantes porque hacen la justicia del rey, averiguamos la edad de nuestro protagonista y que tiene varios hermanos.

A continuación viene pura exposición: hay un Muro con mayúsculas (del que ya hemos oído hablar y por el que deberíamos sentir interés debido al Prólogo), un rey con muy mala prensa al otro lado, una Guardia de la Noche y leyendas sobre gigantes y monstruos. No es suficiente para sentar una base, pero sí para hablarnos de un mundo supersticioso y remoto. Sobre todo porque nosotros hemos visto que esas leyendas son reales y nos situamos un peldaño por encima de los protagonistas. Además, como lectores sabemos que el hombre al que se va a ejecutar tenía motivos para huir y sabemos que, hasta cierto punto, se está dando una injusticia. ¡Y solo en una página! No solo eso, sino que el emblema de los Stark sea el lobo huargo nos liga a bosques y lugares aislados, casi salvajes, creando una buena imaginería. En una ciudad se enfocaría una visión más cínica.

Y también nos damos cuenta de que Martin está muy empeñado en remarcar que hace frío. Con retrospectiva podemos pensar que lo hace para reírse en nuestra cara cuando llegue (al fin) el Invierno, pero me he enterado de que es una mañana fría a la primera y no hace falta repetirlo tanto. La sensación de frialdad queda con las descripciones de nieve o la mención al mandoble de Ned, Hielo.

Y hablando de Hielo; Bran es un personaje muy relacionado con la magia. Antes menciona que cree en la existencia de gigantes, a pesar de que a la vez sabe que son cuentos de la Vieja Tata, y al describir la espada dice:

La hoja era de acero valyrio, forjada con encantamientos y negra como el humo. (p. 24)


Foreshadowing o no sobre el personaje, sirve para que se nos deje claro que existe algo especial en este mundo. Pueden ser las técnicas valyrias, pero también una magia que nos irá rondando poco a poco cuando hablen de dragones… Pero me estoy adelantando.

Sin duda, uno de los elementos más interesantes de Bran, relacionado con que todavía es un niño, es que reconoce a las personas no tanto por su aspecto como por su forma de comportarse. Aquí presenta no a su padre, sino a Eddard Stark, señor de Invernalia, como más tarde hablará de Robb y de su versión de Señor de Invernalia. Y a pesar de que Ned es un personaje bastante amable, resulta revelador que la visión que se nos presenta en él en primer lugar es de verdugo digno, que se ensucia las manos para hacer lo que él considera justicia. Porque, ya sabéis, ironía y todavía más foreshadowing.

Pero también es un padre que quiere a sus hijos y se preocupa por ellos. En cuanto tiene la oportunidad se acerca a preguntar a Bran cómo se encuentra. Sin embargo, su faceta paternal queda muy oculta bajo sus exposiciones de justicia que no terminan de encajar con la escena, pues Bran ya debe ser consciente de ellas: hay una tal familia Targaryen, que se menciona después de un rey Robert como contraste. Y además se habla en pasado. También se nos dice que Ned piensa ligeramente mal de la monarquía actual: pero nuestras costumbres son las antiguas. […] Si le vas a quitar la vida a un hombre, tienes un deber para con él, y es mirarlo a los ojos y escuchar sus últimas palabras. Si no soportas eso, quizás es que ese hombre no merece morir. (p. 26)

O que no quieres matar, Ned, qué cosas le estás enseñando a tu hijo.

Algo interesante sí que es el concepto de «miedo». Bran todavía está aprendiendo y no es tan petulante como Jon Nieve —al que le confiere un grado superior no solo por su edad, sino porque ha visto muchas ejecuciones. ¡Viva el patriarcado!— ni tiene la obsesión de Robb de imitar a su padre. Así que sus juicios de valor están menos manipulados y Ned es capaz de decirle algo importante y que separa Juego de Tronos de otras novelas de fantasía más juveniles —algo representado un poco en la opinión de Jon y de Robb, enfrentados por una tontería como si el desertor tenía o no miedo—:

Lo importante no es tener miedo, sino luchar contra él.

¿Y qué será lo que acabe con Ned como personaje digno? Miedo por sus hijas. Dulce ironía.

No voy a copiar todos los diálogos del capítulo, pero si tuviera que señalar algo negativo es que son pura exposición. Infodumping, como dirían algunos. Se nota demasiado que se planean para televisión, donde las cosas las tienen que decir los personajes y Ned debe justificarse ante su hijo para que no nos quede una mala impresión de él. Al fin y al cabo, solo hemos visto a una figura descrita como fría que acaba de matar a un hombre. No da la sensación de que vayamos a sentir mucho cariño por él. De ahí la necesidad de que dé un discurso a Bran. No es la mejor forma, pero bueno, son muchos personajes para presentar y en general nos queda una impresión clara de todos. Para ello, Martin emplea los contrastes. Frío/cálido, estilizado/musculoso. Es una técnica sencilla y básica. Además, que Jon se apellide «Nieve» ayuda a la identificación. 

Ya he comentado que Bran diferencia sobre todo por términos de comportamiento y no de físico —por ejemplo, aunque describe brevemente a Theon (era un joven de diecinueve años, flaco y moreno, que se divertía con cualquier cosa. Se echó a reír, y dio una patada a la cabeza (p. 24)) no hace juicios de valor de su físico. Tampoco los hace con Jon y Robb, a los que describe por semejanza con su madre o con su padre, lo cual de paso nos sirve para ver más nombres de casas antiguas.

A estas alturas ya hemos hablado de Invernalia, la Guardia de la Noche, el Muro, Mance Rayder, Aguasdulces, Tully, Stark, el Rey Robert, los Targaryen y los personajes que aparecen durante el capítulo.

Es por cosas así que me sale una sonrisa cuando la gente se queja en fantasía de que no saben ubicarse. No es la idea. Martin nos guía más por intuición  —Stark-frío, Aguasdulces-cálido; Noche-Muro— que por otra cosa, así que no se pretende que nos aprendamos nada de golpe. La información es abrumadora, pero será repetitiva y hay que dejarla fluir. Ya se asentará.

No voy a hablar demasiado de la parte de los huargos porque el simbolismo es más que evidente. Tenemos a uno por cada niño, una madre muerta —lalala foreshadowing— y la necesidad de que sobrevivan en manada. Lo único destacable es que Martin ha confirmado en algún sitio que todos los Stark tenían una conexión, como la que desarrollará Arya con Nymeria, con sus lobitos.



Lo interesante aquí es que Ned es un padre tirando a desastroso. Pero como siempre lo vemos a partir de los ojos de sus hijos, que lo adoran, o de su esposa, que le perdona casi todo porque es un hombre noble, no nos damos cuenta.
—Resulta fácil decirlo, pero veréis que hacerlo no lo es tanto —dijo el padre después de estudiar larga y atentamente a sus hijos—. No permitiré que los criados pierdan el tiempo con esto. Si queréis esos cachorros, los tendréis que alimentar vosotros. ¿Entendido? —Bran asintió a toda prisa. El cachorro se le retorcía en los brazos y le lamía el rostro con una lengua cálida—. También tendréis que educarlos —siguió su padre—. Es imprescindible que los entrenéis. El encargado de los perros no querrá saber nada de esos monstruos, os lo aseguro. Y que los dioses os ayuden si os descuidáis, si los tratáis mal o si no los entrenáis. No son perros; no os harán carantoñas para conseguir comida, ni se marcharán si les dais una patada. Un lobo huargo es capaz de arrancarle el brazo a un hombre tan fácilmente como un perro mata a una rata. ¿Seguro que queréis esa responsabilidad? (p. 29)

Joder, Ned, creo que no vuelves a hablar tanto en todo el libro. Pero la pregunta es: ¿de verdad quieres que tus hijos se paseen con esos bichos? ¿En especial, no sé, RICKON? Recuerdo que esto me encantó cuando lo leí con doce años porque, por supuesto, ¿quién no quiere un lobo huargo? Pero la cosa es pensar que deja a un niño de tres años al lado de un monstruito que, en efecto, podría arrancarle el brazo si, no sé, le pisa la cola.

Ned, eres un padre terrible incluso para la Edad Media. No os preocupéis, porque veremos más ejemplos a lo largo del libro.No solo en cómo trata el hecho de que Jon sea un bastardo —no tanto de cara al mundo como hacia Jon, causándole un profundo estigma— sino con Theon. Me pregunto qué debe sentirse al saber que eres un rehén al que se quiere mucho siempre que no se rompe las reglas. No creo que Ned se diera cuenta de lo que debe significar para Theon, que se ha criado bajo su ala, a un nivel subconsciente, entregarle la espada para matar a un traidor. Es decir, mostrarle el destino que tendrá él si alguna vez su familia se rebela.

Eso no significa que Ned sea mala persona, claro.

Y bueno, terminamos el primer capítulo. A los que no les guste que los ametrallen con información, quizás no están preparados para Juego de Tronos. Por otra parte, aunque el siguiente capítulo sea de Catelyn, no puedo dejar de mirar con las cejas arqueadas a Martin por lo masculino que es el principio de la historia. Hasta donde sé, las mujeres también han acudido a las ejecuciones desde siempre. Ya sea por motivos de espacio o por comodidad, se ha aislado a una parte de la familia Stark.

Y, como veremos, Martin tenderá a aislar todavía más a sus personajes femeninos.


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MagaliVilleneuve

Los dibujos de los Stark son de una cuenta cerrada de DA; tyusiu.deviantart.com.

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