Recordatorio

No somos profesionales, simplemente nos gusta leer y tenemos tiempo libre, así que a veces cometemos errores.

domingo, 11 de diciembre de 2016

Agencia Lockwood. Los Visitantes, Jonathan Stroud


Título: Agencia Lockwood (I). Los Visitantes
Autor: Jonathan Stroud

Sinopsis: La Agencia Lockwood es de lo más peculiar. ¿Cuál es su misión? Nada menos que... ¡hacer frente a una epidemia de fantasmas que están sembrando el pánico en Inglaterra! Los miembros de esta empresa son la intrépida agente Lucy Carlyle, que tiene el don de detectar espectros; Anthony Lockwood, el carismático propietario de la agencia, y George... bueno, George es George. Aunque tienen sus diferencias, hay una cosa en que los tres jóvenes están de acuerdo: los adultos son un estorbo y van a tener que resolver su misión sin su ayuda, pero no va a ser nada fácil...
Editorial: Montena
Número de páginas: 432

¡Setas y Pitufos, si esto era un blog de reseñas! ¡Y como siempre, le toca a Lyra solucionarlo!

«Tienes que leerlo», dice Rick Riordan en una imprescindible cita suya de la portada. Buena argumentación, sí señor. [R: Ese tipo me suena. Riordan, Riodan, Riord- ¿EL QUE JODE CADA MITOLOGÍA QUE TOCA? HUID.]

Hace un año y pico, Green, Rika y yo nos decidimos a abrir este blog y estuvimos varios días discutiendo cuáles serían los primeros libros que reseñaríamos. Ya que somos tres, queríamos empezar con algo conjunto y no tuvimos mejor idea que reseñar la Trilogía de Bartimeo (más tarde Rika la remataría reseñando el spin-off de la misma), ya que todas la habíamos leído y nos gustaba. Parece que no son libros demasiado populares. Quizá porque tienen poca promoción, a la historia le falta ese «algo» especial para que haga el boom, el público no está del todo acotado (digamos que a veces se infantiliza en exceso, incluso para un adolescente) o no es estadounidense.

La cuestión es que, después de terminar las aventuras de Bartimeo, Stroud empezó una nueva trilogía de la que hoy os vengo a reseñar el primer libro (y próximamente el segundo, del que intentaré no hablar demasiado). Y como decía, me da la impresión de que es un autor bastante desconocido. Con esto no quiero decir que merezca más reconocimiento, sino que me parece curioso ver cómo sigue siendo traducido mientras leo a poca gente prestarle atención.

En fin, basta de introducciones aburridas. ¡A la reseña!


La historia nos cuenta que en las Islas Británicas, hace cincuenta años, se produjo un fenómeno denominado «el Problema» que provocó la aparición de fantasmas, el regreso de los muertos en un estado deplorable y mortal al contacto de los vivos. Por suerte solo aparecen de noche y todos los remedios caseros de las leyendas surten efecto contra ellos (sal, hierro, fuego griego [R: muy casero] [L: ¿Quién no tiene un poco? Guardo en la mazmorra de sobra por si mis ahijados vuelven algún día]…). Aún hay más: los únicos capaces de sentirlos son los niños, quienes al crecer pierden esas capacidades.

A raíz de este problema (ba dum tsss), raudo va el capitalismo a crear agencias paranormales que se dedican a prestar servicios de eliminación de los fantasmas a todo a quien se le haya colado alguno en casa. Los agentes son siempre niños con las capacidades más desarrolladas para detectarlos, mientras que relegan a los adultos al papel de supervisores.

Aquí entran en juego los protagonistas: Lockwood, el dueño de la Agencia, es un joven con la capacidad extrasensorial que prescinde de supervisores porque considera que les incordian en el trabajo [R: ese rumor de que los adultos son inútiles en todas las novelas de niños y jóvenes se cristaliza aquí en un constante “no servís para nada”. Al menos te lo dicen a la cara y no están por estar, como en el resto de novelas donde parece que los metan por cumplir]. Sin embargo, nuestra protagonista principal es Lucy, quien narra en primera persona su entrada y vivencias a esta Agencia atípica en la sociedad que ha construido Stroud.

En cuanto a por qué este Problema solo ocurre en las Islas, pues mira, por una vez tenemos una explicación, aunque sea cogida por pinzas: los fantasmas esquivan el agua. ¿Será que la temen? ¿No saben nadar? Quién sabe. A nadie se le ocurre tirarles un vaso.

Era importante remitirme a la Trilogía de Bartimeo al principio de la reseña porque Stroud vuelve a emplear el mismo recurso narrativo para comenzar la historia. En un primer momento nos sitúa en el presente, introduciendo elementos que no entendemos y que se irán desgranando poco a poco para familiarizarnos con ellos. Pero en un momento álgido de la acción, nos la interrumpe para dedicar un capítulo al pasado, en el que explica cómo ha sido la vida del protagonista (de la protagonista en este caso, Nathaniel ya tuvo su historia [R: NATH, TE QUEREMOS]) con el fin de que comprendamos cómo ha acabado en la anterior situación.

Este método refuerza el interés del lector en la historia, ya que la principal motivación para continuarla será regresar al conflicto que había planteado sin resolver, es decir, al presente. Los capítulos dedicados al pasado resultan tediosos, porque narran episodios que han dado lugar al personaje actual, cuyo resultado ya conocemos. Personalmente creo que es todo un reto conseguir que sean entretenidos cuando se ubican al principio, puesto que no existe empatía con el protagonista que lo vive [R: luego estoy yo, que adoro ver cómo un personaje ha acabado siendo como es, así que disfruto ese tipo de recurso narrativo].

¿Quién hace ahora el Telón de Acero con quién, eh? JA
Y eso es precisamente lo que ocurre en este capítulo intermedio. Lucy, que narra en primera persona, desgrana por completo su pasado sin aportar nada que no hubiésemos podido deducir de su pensamiento o personalidad en el resto del libro. De hecho, como no menciona ni recuerda nunca a su familia o a sus amigos de la infancia, por poner un ejemplo, carece de importancia saber que existen [R: claro que para que ese recurso mole hay que hacerlo bien. Como con Nathaniel <3] [L: Nathaniel <3].

El resto de la historia se narra de forma continuada, como dicta la costumbre. Argumentalmente me parece consistente y entretenido, aunque tenga sus más y sus menos, que ya desarrollaré en la parte de los spoilers. Cabe decir que no soy precisamente ninguna fan de los fantasmas. Estos juegan un papel importante dentro del contexto del mundo, pero no son nada que no hayamos visto en otros lados. Vaya, que no tienen demasiado mérito por la originalidad, ni siquiera en su clasificación.

Los personajes parten en muchas ocasiones de estereotipos, aunque en conjunto me han parecido detallados y con sus pinceladas. Tienen posiciones muy concretas y claras. Es un elenco pequeño, aunque algunos sobran para la historia que quiere relatar; si aparecen se debe a que el autor quiere presentarlos para que cobren importancia eventualmente en la trilogía.

La narrativa de Stroud es simple y directa, sencilla de leer. Pienso que es un libro que solo recomendaría si te gustan las aventuras de niños, con espacio para adultos, donde se plantee un misterio a resolver. Porque tal cual así transcurre y es el estilo del autor. No inventa nada nuevo, muchos aspectos están infantilizados y no hay ningún entramado complejo o profundo que aporte más interés. A mí personalmente me gustan este tipo de historias que os he descrito (ay, Harry Potter), pero ya con esta edad siempre noto la espinita de que se me ha quedado pequeño porque nunca van un paso más allá. Al fin y al cabo, su público objetivo son adolescentes a los que hay que facilitar la lectura. Ains.

Debo añadir que, como se trata de una trilogía, el primer libro sitúa al lector convenientemente para su continuación. Los Visitantes es una introducción buena, que describe el mundo británico con su Problema, ata los cabos que le corresponden y deja suficientes sueltos para su siguiente tomo. Mi problema es que ya sé de qué va el segundo y no me gustó nada. El autor continúa en la misma línea argumental, pero cambia su estilo (en clarinete: lo infantiliza AÚN MÁS). Así que me remito al consejo de que si no te gustan este tipo de tramas, puedes prescindir de esta. Y no te merece la pena leer el primero si dentro de unas semanas publico la reseña del segundo y te das cuenta de que no deberías haber empezado la trilogía.

Si aún así te has quedado con curiosidad por este autor y sus historias en torno a niños en mundos de adultos, la Trilogía de Bartimeo te abre sus puertas.


Voy a omitir la reflexión sobre el recurso del autor de presente-pasado-presente porque ya lo detallé en la anterior parte. Como ya dije, el pasado de Lucy es prescindible, aunque a través de él se entiende su desconfianza hacia los supervisores y cómo se adecúa tan bien a la Agencia Lockwood.

Por otro lado, encontrar a personas que son tan afines a su visión, cuando necesita desesperadamente apoyo (trabajo) y sabe que difiere del resto de agentes por su recelo a los adultos, tendría que haberla causado más impacto. Bien hacerla sospechar de la Agencia, bien haberle sorprendido, bien mostrarse entusiasmada e intentar hacer lo que sea para que la cojan. Solo la segunda reacción se da y en muy justa medida. Nunca termina de posicionarse.

A lo que quiero llegar es que el principal problema de la historia se llama Lucy y es la protagonista, la única narradora. Stroud sabe que toda la información que recibe el lector de la historia pasa por la lupa de su protagonista, de lo que considera correcto y lo que no. Y en un libro pensado para que sea lo más accesible posible a todas las edades, os podéis imaginar en qué deriva esto.

Lucy es un personaje simple, que no me desagrada pero tampoco me despierta simpatía [R: simplemente está]. Existe para ser voluble (que no impredecible), con una personalidad ligeramente reconocible, que le sirve para poco más que poder cambiar de parecer como convenientemente lo necesite el autor. La mayor parte de sus acciones injustificadas las explica con un «no sé por qué lo hice, pero gracias a eso salió bien».

El mejor ejemplo sobre esta situación es la relación que establece con el colgante de Annabel Ward. Lo coge del cadáver por inercia y asegura que «nunca había hecho nada parecido» (p. 172). Ni siquiera siente empatía por la chica muerta. Llevaba un estilo de vida que le resulta ajeno y, de haberse conocido en vida, posiblemente la hubiese odiado. Lo justifica en la pena que le suscita Annabel por haber sido olvidada, escondida entre dos paredes por su asesino. Sin embargo, esta reacción no se sostiene porque dichos sentimientos no los experimenta jamás con ningún otro caso.

Todas las escenas que incumben al grupo de agentes cuentan historias trágicas, pues es una de las condiciones para que los fantasmas regresen. Un suicidio. O un genocidio. Lucy nunca se apena por la desgracia de estas personas afectadas por el Problema. Ella tiene claro que su prioridad es librarse de los fantasmas y las historias en torno a ellos son algo secundario. La humanización de Annabel, pese a haberla visto en su aspecto terrorífico y fantasmagórico, es maravillosa, pero no se sostiene en coherencia con el personaje de Lucy.

En una escena posterior sucede algo parecido. Un ladrón entra en la casa a buscar el colgante y no logra su objetivo gracias a que Lucy había decidido llevarlo colgado al cuello. El intento de robo es necesario en la coherencia de la historia, ya que establece una serie de fracasos por parte del villano para que recurra a contratarles como última alternativa. Por otro lado, de nuevo hay una confrontación entre la personalidad de Lucy y el interés del autor: Lucy, que se presenta como una chica sensata, se apega al colgante de Annabel Ward hasta el punto de guardárselo para sí y ocultarlo de sus compañeros. ¡Justo después de que la regañaran por no confiar en ellos! Es incapaz de explicarse y todo queda en «pues menos mal que ocurrió, así las cosas acabaron bien (otra vez)».

Podría haberlo entendido si se ligara a Lucy de alguna forma más estrecha con Annabel. Quizá por el parecido a alguien que conociera o porque en el fondo sintiera envidia de su posición social. El autor esboza unas excusas muy pobres que podría haber reforzado más para hacerlas pasables. Pero como tiene a la marioneta perfecta, no lo necesita.

En contraposición a Lucy, tenemos a Anthony Lockwood y George Cubbins. Lucy representa el polo medio entre ambos. A Lockwood solo le interesa liquidar fantasmas, mientras que George se preocupa por la identidad de los mismos (por trabajo e interés personal) e incluso le gustaría descubrir la fuente del Problema.

Si estáis leyendo esta reseña tras haberos acabado el libro, después de esta breve descripción quizá estéis entonces en desacuerdo conmigo en que Lucy sea voluble. Dado que no se sitúa en el extremo como los dos casos antes mencionados, sería lógico que según la situación actúe de una u otra forma. Y en parte es verdad, la misma narración lo dice. Lucy prioriza su trabajo y aunque siente curiosidad por los fantasmas, entiende que la misión se antepone a sus intereses y solo la deja florecer cuando no existe peligro. Al mismo tiempo esto refuerza mi argumento de que se convierte en la herramienta perfecta para que al autor le resulte fácil encaminar la historia en el rumbo que quiere. No existen conflictos que surjan de los personajes. Lucy lo resuelve siempre porque en un grupo de tres, dos ganan a uno.

Por eso en conjunto como personaje resulta aburrida y poco interesante. En Los Visitantes aparecen pocos personajes femeninos, ninguno con una relación directa con Lucy. Incluso llega a reprocharse que por culpa de su actitud no tenga amigas. En fin, lo típico, Pitufina rodeada de hombres que no necesita nada más. Os adelanto que en el segundo [SPOILER]se muestra en todo su esplendor su faceta misógina. Os prometo que no existe hombre en el libro que lo sea, solo ella. Pero ya hablaremos de eso.[Fin del spoiler]

Mi personaje favorito es George. Punto. Ni siquiera veo necesaria explicación. Lockwood se basa en el modelo de caballero inglés que supongo que alguien amará. A mí personalmente me aburre su espíritu competitivo con un personaje al que el propio autor describe como patético (Quill Kipps). Y a sus convenientes compañeros, chico y chica, que compiten con nuestro chico y chica. Yuju…

Los Visitantes propiamente dichos, en cambio, no me despiertan ningún tipo de sentimiento. Ni pena, ni nada. Pienso que el autor los humaniza bastante al tener que investigar sobre sus historias. Sin embargo, por muy terribles que estas sean, la realidad es que regresan como fantasmas que causan más muertes y poco se puede empatizar con ellos. Supongo que soy muy Lockwood en ese aspecto, ugh. Una vez eliminan su Fuente, a otra cosa mariposa. Mueren de nuevo.

Irónicamente, el motor de la historia es la acción inexplicable de Lucy de coger el colgante de Annabel Ward, ya que les lleva a investigar el caso y salvar su situación económica. A partir de este momento el argumento es entretenido y adictivo, fomenta la lectura en pos de desvelar el enigma. El libro presenta adecuadamente los recursos necesarios para que el lector pueda averiguarlo, con los mismos medios de los que disponen los protagonistas.

Solo quiero puntualizar una cosa aquí y es que no soporté el pasaje en Combe Carey Hall en el que Lucy y George piden explicaciones a Lockwood sobre lo que ha averiguado (es decir, la resolución del misterio) y este se niega a dárselas. Es un recurso del autor para esperar al momento propicio donde desvelarlo todo. Resulta muy frustrante porque no hay motivos reales para que no se lo diga a sus amigos (¡tanto que regañó a Lucy por no confiar en ellos!).


Por otro lado, el villano (Fairfax) tiene una personalidad que me parece agradable y simpática, que echa a perder por su necesidad de hacerles saber a los protagonistas todos los detalles del asesinato de Annabel y de su intervención en las indagaciones de la Agencia Lockwood. He visto suficientes películas como para saber qué pasa con un villano que hace esas cosas. Los motivos del autor para estas muestras de labia son las actitudes teatrales tanto de Lockwood como de Fairfax. Y lo acepto. Eso no quita que sea una solución muy fácil para asegurarse de que no quedan dudas de la historia.

Aquí es adonde quería llegar cuando mencioné que el libro nunca toca temas profundos. Lucy asesina a Fairfax, a través de Annabel Ward, pero nunca se plantea moralmente sus acciones. Si bien era la única alternativa para que los tres sobrevivieran, nunca vuelve a reflexionar respecto a lo que tuvo que hacerle a alguien. Era malo y se lo merecía, fin. Viva la justicia. [R: si hubieran sido más pequeños lo habría entendido, porque los niños pueden (suelen) tener una moral menos desarrollada, pero es que son adolescentes mayorcitos.]

Además, cambiando de tema, me pasé todo el libro imaginando que los protagonistas tenían alrededor de dieciocho años. No me preguntéis por qué, seguramente malinterpreté algo. Luego he hecho una búsqueda y al parecer rondan los quince años. Sin embargo, eso no cambia mi inquietud inicial: ¿qué ocurrirá cuando Lucy, Lockwood y George crezcan? ¿Qué harán con sus vidas cuando sus dones se desvanezcan, cómo sobrevivirán cuando solo se han dedicado al trabajo? Ninguno reflexiona sobre ello. En parte entiendo que no quieren saberlo. Pero ven a diario a adultos supervisores que pierden sus capacidades y quedan como una carga de los niños. Pienso que no querrán el mismo futuro, entonces, ¿por qué no idean alternativas? ¿Qué quieren ser de mayores?

El mundo creado por Stroud está bien definido para lo que quiere contar, aunque nunca podré catalogarlo como buen ejemplo de construcción. Le falta mucho trasfondo y consciencia de lo que está contando. Le falta una declaración de intenciones radical que, sabiendo cómo es Stroud, dejará para el tercer libro.

En un determinado momento, Lucy comenta cómo el autobús nocturno lleva a varios niños a sus puestos de trabajo de vigilancia. Pasan las noches prestando atención a la presencia de fantasmas y se exponen a un riesgo muy alto. Esta escena me recordó a la explotación infantil de la revolución industrial, pero ¿existe alguna pista más de que el autor se haya basado en estos u otros hechos? No. Los protagonistas no reaccionan porque es una  realidad cotidiana para ellos, a la que nadie se opone porque no existen alternativas. Y que conste que no estoy animando a ninguna rebelión, sino a crear distintas perspectivas que enriquezcan el contexto.

Y qué demonios, el autor es anglosajón: ¿se atrevería a hacer una crítica seria de cómo la necesidad del sistema utiliza la infancia indiscriminadamente bajo el lema del «no hay más remedio»? Quita, quita, que eso no es tema de adolescentes. Además, las Agencias paranormales son un negocio capitalista. ¡No vamos a tirarnos piedras sobre nuestro tejado!

En definitiva, Stroud se atiene a su historia y aunque hace amagos en donde parece que quiera mostrar algo más, al final no se atreve. Por cierto, debieron de darle un toque de atención en el primer libro, porque el segundo tiene TELA de estos temas maduros a los que silencia de una forma espantosa.

En otro orden de cosas, estoy realmente confusa sobre en qué fecha se sitúa la historia. Durante la lectura me imaginaba el Londres de la década de los 80; pero luego, haciendo indagaciones, resulta que la Agencia Fittes se inauguró en 1965 y en el siguiente libro se celebra su 50º aniversario. Si la calculadora no falla, nos ubicamos en 2015. Puede que los fantasmas hayan frenado el desarrollo tecnológico (británico), aunque, ¿no podría emplearse precisamente contra ellos? ¿Móviles? ¿Internet? ¿Apps para localizar tu farola fantasma más cercana?

Y una última cosa que no viene a cuento:
«[…] El candidato ideal debe ser SENSIBLE a fenómenos extrasensoriales, elegante, preferiblemente mujer y no mayor de quince años […]» (p. 83).
Este es el anuncio que cuelga Lockwood en busca de una nueva agente, la que Lucy ve y por la cual acude a pedirle trabajo. Tengo opiniones encontradas. Por un lado, la exigencia del sexo puedo entenderla para que tengan un equipo variado con el que puedan enfrentarse a fantasmas de muy diversas características (actúan de forma impredecible y se sienten atraídos a veces por determinadas personas). Por el otro, no me gusta nada que Stroud no explicara sus motivos, sino que se viera natural que un anuncio de trabajo tenga derecho a concretar cuál ha de ser el sexo del trabajador cuando parece que este no tiene en absoluto relevancia.

Finalmente, no puedo terminar esta reseña sin volver a rescatar otra cita de Riordan en el reverso de la cubierta donde explaya su opinión del mismo: «Esta novela te mantendrá leyendo hasta bien entrada la noche, y luego querrás dejar las luces encendidas… ¡Añade Los visitantes a tu lista de libros que hay que leer!». Me subscribo a que es fácil, rápido y entretenido. Pero ¿encender las luces? Querido Riordan, eso es una de las cosas más peligrosas que puedes hacer en una casa donde habitan Visitantes. Entenderás por qué cuando leas el libro.

La moraleja de esta reseña no podía ser otra: ¡la perspectiva desde la que se contempla una historia importa, y mucho! Véase NieR para más información, ju, ju, ju.

LO MEJOR… el argumento (pasable, aunque podría haberse construido mejor) simple pero bueno,  los personajes bien caracterizados y distinguibles, la lectura rápida y sencilla.

LO PEOR… la protagonista voluble en conveniencia del autor, la falta de complejidad en sus temas y Quill Kipps.


Otras reseñas:
La Bibliotca de Liwy
Viviendo en nuestro cuento
El Blog de Welzen
Rebotando de una cosa a otra
Las Valquirias de Odín


PD. En vista de todas las reseñas que he encontrado del libro, quizá no sea tan desconocido como pensaba o.o

(Todas las imágenes pertenecen a sus respectivos dueños. Especialmente los dibujos son de Yudai y han sido cogidas de la Lockwood&Co Wikia: http://lockwoodandco.wikia.com/wiki/Lockwood_%26_Co._Wikia, que a su vez no sé si proceden de otra parte).

2 comentarios:

  1. Pues mira que tengo pendiente leer la saga de Percy Jackson. Sólo he visto la primera película y me ha parecido la típica para una tarde de Domingo aburrida, pero de los libros me han dicho que son mucho mejores. Ahora bien, yo tampoco veo eso de poner una frase de otro/a autor/a en la portada por promocionar. Ahora les ha dado por ponerlas de Martin diciendo de cada libro de fantasía que es digno de CDHYF y es muy cansino.

    Esa manía de “las personas mayores no sirven para nada, nosotras/os salvaremos el mundo” es una constante en la literatura infantil-juvenil. Creo que es porque es esa época es típico sentirse más lista y especial que nadie y tener la sensación de que las personas mayores no te entienden para nada, así que se apela a eso para vender. Pero me resulta hasta cierto punto molesta. ¿Por qué no explotan lo contrario y ponen a adolescentes/infantes que necesiten ayuda? Asumir que no lo sabes todo y no siempre tienes razón es parte del proceso de madurar; no creo que sea bueno echar más gasolina al fuego alimentando la etapa de “rebeldía sin causa” y “sentirse especial e incomprendida/o” por la que todo el mundo pasa. Esa es una de las razones por las que me gustan tanto “Crónicas de Prydaín”, al principio Taran es un niñato que no tiene ni idea de la vida y se lo trata como tal.

    Y lo de autores poco conocidos es una constante. La publicidad y la suerte influyen más que nada, por desgracia, así que puedes escribir una maravilla y que no te conozcan ni en tu casa. Al menos estos los traducen, que ya es algo. Los de Holly Black y Anthony Horowitz, que me gustan bastante, directamente los han dejado en la estacada en este país y si no sabes inglés te quedas con un palmo de narices. Siempre nos quedará hacernos las interesantes y snob por conocer a autores/as que otra gente no XD.

    Saludos. Y una pregunta, ¿entonces no me recomendaríais los libros de Rick Riordan? Me había propuesto que fueran de mis lecturas ligeras de distendimiento este año que entra.

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    1. Perdón por haber tardado tanto en responderte, leí en su momento tu comentario y con el tiempo se me pasó >_<

      El odio de Rika por Rick Riordan (mmm, podríamos ponerle nombre y todo, como 3R) viene de que detesta que los escritores (yo no quiero señalar a nadie pero suelen ser estadounidenses) tergiversen la mitología original. Riordan se toma muchas licencias con Percy Jackson como, por ejemplo, que Atenea pueda tener hijos o que el Olimpo esté en Estados Unidos (porque es el centro del mundooooo occidentaaaaaal). En mi opinión es una saga maja, te puedes leer el primer libro perfectamente en una tarde. Tampoco diría que son muy buenos, se dejan leer. No son un Ejército Negro. Pueden servir como lectura ligera, así que adelante ;)

      Y no hagas caso a la película porque la hicieron para adolescentes, en el libro empiezan con unos 11-12 años, si no me equivoco. Así pasó que la segunda, viendo que no iba a tener éxito, adelantaron algunas cosas.

      En cuanto a la integración de los adultos en la literatura juvenil, me gusta tu punto de vista pero pienso que es complicado encajar a los adultos sin impedir que la acción siga llevándose a cabo por los protagonistas. Si no les apartaran del peligro, serían irresponsables; y si se ocuparan ellos del asunto, no habría historia. Creo que la perspectiva de sentirse autosuficiente que tienen los jóvenes es muy interesante, pero cuando se explota adecuadamente. Deben cometer errores y tener sus jarrones de agua fría. No siempre todo puede salir bien.

      Me recuerda un poco lo que dices a Dumbledore, que levantaba mucho la mano para que Harry fuera libre de liar todo lo que quisiera. Si hubiese prestado ayuda a Harry, todos los conflictos habrían sido más sencillos de solucionar y perderían el interés; aunque a cambio hubiese sido más lógico xD En Percy Jackson, Quirón actúa un poco como el maestro al que acuden a por consejos, que escuchan y tienen en cuenta (al menos no le hacen ascos), pero se siente como que en realidad no ayude demasiado a ese proceso de maduración. Solo es un punto de apoyo que se usa ocasionalmente.

      En definitiva, no creo que esta relación de adultos-jóvenes sea imposible, aunque merecería mucho cuidado por parte del autor. La verdad es que me encantaría xD

      ¡Saludos! Y gracias por comentar =)
      Atte. Lyra.

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